Séptimo Arte | La cultura Beatle en el cine - Los Beatles la tenían clara: fueron los fundadores de la masividad y también supieron como sacarle provecho, transgrediendo las fronteras de los géneros y las disciplinas. Aquí… su incursión en la pantalla grande y la definición de una concepción integral de la cultura y un modo de afrontar la práctica artística.

Los Beatles la tenían clara: fueron los fundadores de la masividad y también supieron como sacarle provecho, transgrediendo las fronteras de los géneros y las disciplinas. Aquí… su incursión en la pantalla grande y la definición de una concepción integral de la cultura y un modo de afrontar la práctica artística.

Por Arturo Van Verdern

“A Hard Day’s Night” se trata ni más ni menos que de ellos mismos: son cuatros chicos de no mucho más de veinte años viajando de un lado a otro, perseguidos por miles y miles de fanáticas enloquecidas dispuestas hasta de lo impensable con tal de tomar contacto con sus ídolos, rodeados por un particular grupúsculo de empresarios que se relamen ante la mercadería potencial en sus manos e intentan inútilmente imponer sus reglamentaciones burocráticas ante esos rebeldones adolescentes más entusiasmados con vivir el nuevo mundo de la fama que se abre ante sus ojos que de obedecer estrictos lineamientos logísticos.La película, dirigida por Richard Lester (quien también dirigió “Help!”) rodada y estrenada en 1964, pleno auge de la beatlemanía (una extraña “enfermedad” inaugurada en la época por un grupo de música que renovó las formas del rock, amplió las fronteras, derribo estructuras y fundó lo que hoy conocemos como “cultura de masas”), consiste en un retrato, en clave pseudodocumental (algo que se hará carne en cada una de las apariciones de Los Beatles en el cine y que, por cierto, define su propia concepción de la práctica artística como la liberación de la creatividad por encima de los géneros y los regímenes de composiciones que las academias suponen como indispensables), de un viaje en tren realizada por la banda.Y está el falso abuelo de Paul que debe acompañarlos en su gira, soliviantando todo el orden organizado por su absurda indisciplina. El viejito, gruñón y disparatado, es un permanente foco de conflicto: el elemento disruptivo que permite darle alguna consistencia dramática a una trama que, en otro caso, se vería reducida a un repaso de situaciones vividas por la banda más famosa del momento.La intervención de este particular personaje (netamente ficticio) es lo que configura el cuadro de presentación de la filmografía Beatle: allí hay una interpelación directa a las “formas serias” de hacer cine (tanto como la música de Los Beatles fue una particular forma de parodiar las variantes solemnes y “profesionales” de hacer música) y un permanente guiño sarcástico. Cada una de las escenas se compone tejiendo sutilmente el humorismo propio de la ironía y la dimensión testimonial que dejaba escapar los primeros síntomas del hartazgo que comenzaba a provocar la beatlemanía. Esa contradicción dejada en evidencia es la denominación común en las cinco películas protagonizadas por los Fab Four (“A Hard Day’s Night”; “Help!”; “Magical Mistery Tour”; “Yellow Submarine”; y “Let it be”).La incursión de la banda en el cine les mereció acaloradas críticas, aunque también ensalzados elogios. Pero no solo el carácter vanguardista estuvo dado por el salto de las fronteras disciplinares, sino que hubo en cada una de las propuestas cinematográficas novedades estéticas que reproducían someramente las características propias del “modo de composición musical” de Los Beatles y permite hablar, entonces, de una concepción integral de la cultura, es decir: una cultura Beatle.Ese sello estético implantado en sus películas se complementa temporalmente por los diferentes estadios que el grupo fue atravesando: las primeras películas (“A Hard Day’s Night” y “Help!”) reflejan el carácter lúdico que aquellos pibes (en 1965, cuando se estrenó “Help!”, John Lennon y Ringo Starr, los más grandes, tenían solo 25 años) que parecían divertirse jugando entre amigos mientras iban construyendo el fenómeno artístico más importante del siglo XX (decimos siglo XX solo para no apresurarnos a decir de todos los tiempos y evitar el riesgo de desconocer los matices de cada momento histórico). Esos modales basados en la jocosidad jovial y la parodia de la “formalidad” son constituyentes de la cultura Beatle y conforman quizás la principal contribución estética de la banda (ese humorismo sutil y absurdo, el mentado “humor inglés”, fue luego extendido por los Monty Python, que desarrollaron esa forma de cuestionamiento social desde el sarcasmo).Esas comedias de gags permanentes, donde se intercalaban videos de las canciones enmarcadas en la trama de la historia (lo cual constituye un nuevo acontecimiento: fueron los primeros videos musicales, pioneros de la MTV, tal como el propio George Harrison reconoce con cierta sorna en el monumental proyecto autobiográfico de la banda llamado “The Beatles Anthology”, que consta de un documental de nueve episodios, dos álbumes y un libro), comienzan a variar hacia rasgos marcadamente surrealista (momento en que empieza a jugar su papel el LSD) como en “Magical Mystery Tour” (de 1967 y “autodirigida” por los Fab Four), una cinta particularmente cuestionada en su época por su supuesta falta de trama dramática: el film consiste en una delirante gira en ómnibus realizada por los integrantes de la banda donde aparecen singularísimos personajes que se van sumando a ese delirante recorrido donde se entremezclan escenas donde el absurdo de las anteriores películas se intensifica en un perfil marcadamente surrealista: se lo puede ver, por ejemplo, a Lennon como un mozo que descarga toneladas industriales de comida en el plato de un cliente.Aparece definidamente las marcas del hippismo vitalista y antibelicista propio de “flower power” hegemónico entre vastos sectores de la agitada juventud de fines de los sesenta, lo que le mereció censuras y condenas durísimas, fundamentalmente de sectores conservadores que desde algún tiempo ya empezaban a señalarlos como los enemigos principales de las buenas y sanas costumbres.Esa influencia de los alucinógenos y el contenido surrealista se hace mucho más manifiesto en el siguiente emprendimiento fílmico de Los Beatles, “Yellow Submarine”, una película de animación dirigida por George Dunning (pionera para la época, pero algo rústica vista desde el tan modernizado presente) que une varios discos (las anteriores películas acostumbraban a limitarse solo a uno o dos álbumes): la película recorre desde “Revolver” hasta el propio “Yellow Submarine”.

Allí lo vemos al “Sargent Pepper” buscando en su submarino amarrillo que viaja por un universo paralelo en las profundidades del mar, cuatro músicos para reemplazar a su banda (la “St. Pepper Lonely Heart Club Band”) que quedó paralizada dentro de una burbuja atemporal. Esos cuatro músicos son, precisamente, Los Beatles, que viven en una enorme mansión donde se producen hechos asombrosos y se observan figuras extrañísimas, formas reales distorsionadas, objetos intervenidos desde la imaginación más lisérgica (de clarísima influencia surrealista: por los pasillos de la mansión cruzan manos gigantes, relojes con ojos… elementos componentes de la obra Salvador Dalí, el surrealista por antonomasia). La inventiva es permanente y febril: las puertas de las habitaciones de cada uno de los integrantes de la banda conducen, a su vez, a otros universos donde se producen sucesos místicos y delirantes.Los elementos de la cultura hippie se entrelazan con el distintivo humor del grupo y combinan una muy particular forma de delirio surrealista y sarcasmo paródico.

Let It Be (estrenada en 1970, año de disolución del grupo, y dirigida por Michael Lindsay-Hogg) consiste en una serie de imágenes documentales que muestran la intimidad de la banda y dejan percibir algunos cortocircuitos que luego derivaron en la disolución. La película (como el disco) se sintetiza en el liderazgo artístico de Paul McCartney, quien asume el rol de director de orquesta en casi todas las escenas, donde la imagen de cada uno de ellos es muy distinta a la de aquellos jóvenes de las primeras épocas, aunque ciertos rasgos del humorismo espontáneo no se han perdido en la hondura de creatividad más profesionalizada, propia de la época de búsqueda de un trabajo más pulcro y depurado de los “años de estudio” (a partir de 1966, cuando abandonan las giras por las dificultades de sonido que les acarreaban los griteríos y el insoportable estrés que les ocasionaba).

Las cinco películas, pese a sus diferencias, mantienen una línea troncal que configura la base de lo que se podría definir la “cultura Beatle”, esa forma de abordar la práctica artística y de interpelar la realidad desde una creatividad fundada en la espontaneidad, la parodia y la imaginación desbordante.

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