Ensayos | La Literatura en la República Popular

El peronismo irrumpió en la historia argentina – «el hecho maldito en el país burgués» – y su resonancia contó con el espesor de una cultura íntegra que renacía, y esa disputa entre tradiciones y propiedades, rompía con la solemnidad calma de hasta entonces. Esos rastros son los que persigue nuestro compañero. 

 

Por Bernabé De Vinsenci

“Para quien, intelectual u obrero,
está fuera de esta lucha de ustedes, es muy divertida la idea 
de que un joven burgués muela a palos a un viejo 
burgués, y que un viejo burgués mande a la cárcel 
a un hijo burgués”.

 Pier Paolo Pasolini

Cuando Juan D. Perón ocupaba la Subsecretaría de Guerra, logró que se lo eligiera presidente del departamento Nacional del Trabajo, y sobre esa base fundó enseguida en la Secretaria de Trabajo y Previsión con jerarquía ministerial. Perón emprendió la búsqueda de apoyo en algunos dirigentes obreros. El respaldo popular fue ascendiendo a medida que prosperaba el plan del nuevo secretario de Trabajo. El consenso que efectuaba Juan Domingo llevaría a los sectores conservadores a mover un grupo militar exigiéndole, el 9 de octubre de 1945, su renuncia a todos los cargos. Los grupos ya definitivamente peronistas, se dispusieron a organizar un movimiento popular para obtener el retorno del General. El 17 de octubre se inició una marcha en el epicentro de Buenos Aires desde las zonas suburbanas y se nuclearon en la plaza de Mayo evocando la libertad y el retorno de su jefe. El 24 de febrero de 1946, en elecciones formales, la fórmula Perón-Quijano triunfó en todo el país con el 55% de los votos.

Por aquellos años se editaba la revista Sur fundada en 1931 por la escritora Victoria Ocampo, de raíces aristócratas y educación francesa. Nieta de un compañero de Sarmiento. En aquella revista se publicó el primer texto en español sobre el Ulises de James Joyce y varios escritos de la escritora británica Virginia Woolf. Ocampo estaba definida por su oposición al bando populista.
Como derivación de su enfrentamiento con Juan Domingo Perón, éste decretó su detención enviándola a la cárcel del Buen Pastor, un instituto de prostitutas, durante veintiséis días. En Sur, asimismo, publicaban Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, autores de “La fiesta del Monstruo” que escribieron en 1947, bajo el famoso seudónimo Bustos Domecq. Allí un militante le cuenta a su pareja, Nelly, lo que sucedió en el camino hacia Plaza de Mayo, en donde escucharían al “Monstruo”, refiriéndose así a Perón, en el día de su fiesta. Según algunas lecturas, entre las que se cuentan la del propio Piglia y la de José Pablo Feinmann, este cuento es una versión actualizada de “El Matadero” de Esteban Echeverría. Si allí los “bárbaros” mataron a un unitario, en “La fiesta del monstruo” será un universitario judío el asesinado.
Es evidente, entonces, la manera en la que Borges y Bioy Casares pretenden reflejar al peronismo: antisemita y bárbaro. No sólo en la obra de Borges es posible encontrar referencias de su enfrentamiento con el gobierno de Perón, sino también en algunos hechos, como cuando trabajaba en una biblioteca en 1946, y fue “ascendido” a inspector de gallinas, aunque se negó presentando su renuncia[1]. Dentro de esta controversia, estaban situadas emblemáticas figuras como Ernesto Sábato y Ezequiel Martínez Estrada quienes consolidaron el bloque intelectual antiperonista. Sábato estimó a Perón como el demagogo carente de escrúpulos y entusiasta de la doctrina nazi.
Cierto es que la literatura y el campo intelectual en ese período estaban dotados a partir de la “tiránica” figura de Perón, y las adjetivaciones correspondientes a los sectores populares, como por ejemplo, los “cabecita negras” o los “los grasa”; estos insultos alcanzarían su extremo cuando en las paredes de la ciudad apareció escrito “¡Viva el cáncer!” aludiendo a Eva Duarte de Perón, quien murió el 26 de julio de 1952, a la edad treinta y tres años, de un cáncer que se había iniciado en el útero para luego extenderse por todo el cuerpo. Eduardo Galeano en “Memoria del Fuego” anota: “¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo”. Martínez Estrada autor de obras reconocidas, como “La cabeza de Goliat” y “Radiografía de la pampa”, estuvo incluido en la tarea de especular dicha figura.
Colocándose en una versión diferente al sostener que el entendimiento del peronismo sólo podía observarselo como un emergente de fenómenos anteriores. Para Estrada la reivindicación del interior de Buenos Aires fue la tragedia de una clase proletaria ausente. Estos asaltaban un lugar sin cognición política ni costumbre de organización. La inquietud del santafecino era cómo crear entre los obreros una conciencia de luchas de clases.
Dentro de la historia nacional, la aparición de Perón figuró la vanguardia del pensamiento cultural, social y político. Haciendo entender a los sectores populares que los bienes materiales eran monopolizados por las clases dominantes. En cuanto a las interpretaciones intelectuales pronto asumieron continúas querellas.
En el diario uruguayo Acción, del 4 de junio de 1956, Borges, que su madre y su hermana habían sido detenidas por haber participado en manifestaciones contrarias al líder, declaró que las aseveraciones de Martínez Estrada envolvían un elogio a Perón. Las polémicas llegarían hasta la revista Sur donde Borges volvía a opinar que “el régimen de Perón era abominable, la revolución que lo derribó fue un acto de justicia y el gobierno de esa revolución merece la amistad y la gratitud de todos los argentinos”[2] Ernesto Sábato intervino en la polémica finalizando el debate al expresar que el peronismo no debe ser entendido como una bárbara aberración y sí como un movimiento de masas que articuló de modo confuso genuinas necesidades.
Unas de las revistas indispensables fue Contorno (1953-1959) entre los integrantes de este grupo se situaban Oscar Masotta, Carlos Correas, Juan José Sebrelli, los hermanos Ismael y David Viñas y Noé Jitrik. La revista tenía como propuesta indagar la literatura con el compromiso respecto de la realidad. Los jóvenes planificaron su proyecto editorial en oposición a la revista Sur. Una de las discrepancias contra la revista de Victoria Ocampo era la falta de preocupación frente a la realidad. Los integrantes de Contorno percibían que estaban atravesando un tiempo de desorientación en el cual era difícil tomar posición. El “denuncialismo” de revista tuvo sus raíces en el intelectual comprometido del francés Jean Paul Sartre. Quien editaba, y más de una vez distribuyó bajo el brazo junto a Simone de Beauvoir, la revista “Les Temps Modernes”, fundada en 1945.
El título hacia referencia al rodaje cinematográfico de Charles Chaplin filmado en 1936. En principio, lo que determinó a los jóvenes de Contorno fue la conducción de un conocimiento filosófico, ensayado en la lectura de autores como Sartre y Albert Camus. En su mayoría los constituyentes de la revista habían transitado Francia una vez consumada la Segunda Guerra Mundial. Luego David Viñas en 1958 filmará “El Jefe” junto a Fernando Ayala haciendo una alegórica crítica al peronismo. Contorno emprendió la relectura intelectual del cuestionamiento liberal. En 1953 Ismael Viñas había enunciado el programa de su revista, afirmando “no queremos ejemplos: los que tenían inteligencia se han burlado, han fracasado, se han entregado o han huido. Los que tenían buena fe y coraje han carecido de inteligencia […] Parece que sólo nos queda la reiteración en la crítica y en la denuncia”. En unas de sus últimas entrevistas, en el programa televisivo “Espejados”, David Viñas sostuvo que el peronismo era el sentido común.
En “Les Temps Modernes” Viñas publicó un artículo con el título “Argentina entre populismo y militarismo” que firmó con en el seudónimo de Antonio J. Cairo. Allí escribió lo siguiente: “Podría decirse, para intentar comprender un poco mejor, que Borges y Perón “son dos burgueses” […] con ellos culminan la literatura y la política concebidas en el núcleo programático inicial de 1845, dado que Perón y Borges –a pesar (y a causa) de sus contradicciones y sus matices– son la concreción perfecta de esta conciencia posible”[3].
El 13 de noviembre de 1955 encabezó el golpe militar Pedro Eugenio Aramburu. “Desde entonces, las figuras de tradición liberal –conservadores y radicales, abogados y empresarios- predominaron en la administración y fijaron la posición del gobierno, que fue definida explícitamente como una prolongación de “la línea de Mayo y Caseros”. [4] Los integrantes del equipo gubernamental no tenían duda de que el gran porcentaje de los votos obtenidos por Perón, en el año 1951, habían sido mediante el fraude, la sujeción y la manipulación de la opinión. El peronismo quedaba proscripto. El grupo elitista que participaba en Sur declaró, “Como oposición al tirano nos juntaba a todos, algunos no se daban cuenta. Hoy aquella fisura alcanza proporciones cismáticas”[5]
Los fusilamientos que marcan de espanto aquellos tiempos servirían de lugar para una investigación gloriosa de Rodolfo Wash cuyo título, “Operación masacre”, connotaba la técnica del gobierno para anular al peronismo.
La movilización de Perón colocó a los letrados liberales en el desprecio de la clase obrera, las imágenes incluyen monstruos, sujetos sin cultura, sin educación, las vestimentas de trajes exóticos y sus lenguajes raros, hediondeces y conductas; que en ocasiones serán equiparados como animales. A partir de esta congregación popular que venía promoviendo desde las primeras inmigraciones del fines del siglo XX y la iniciación del siglo XXI y los disimiles movimientos obreros. En la década del cincuenta, estos “huérfanos políticos” descubren, captan la irrupción de lo novedoso en un actor que auxilia sus penurias. Es obvio que el paternalismo a Perón –si existió verdaderamente- y la materialidad hacia Evita crea un “complejo político”, supone la representatividad democrática que a lo largo de los años fue interrumpida por parte de las clases conservadoras, ya sea a través del fraude o mediante la militarización.
 
 
[1]Reinhold, Bárbara. El peronismo en la literatura. Edición en Clarín. 
[2] J,L. Borges “Una efusión de Martínez Estrada”, en Sur, n. 242, septiembre y octubre de 1956. 
[4] Romero, José Luis. Breve historia de la Argentina. Cap. XIV LA REPÚBLICA EN CRISIS (1955-1973). Ed Fondo de cultura Económica 1997. 
[5] J.A Paita, “Nuestra actualidad pública”, en Sur, n. 243 noviembre-diciembre 1956.

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