Poesía | Memorias del coño - Una nube dibuja el horizonte de los hombres: a ella persiguen, siempre, bajo la forma de todos los motivos, sus intenciones. Ella es su dedicación última, su más secreta devoción. A ella, también, nuestros compañeros evocan con su pleitesía.

Una nube dibuja el horizonte de los hombres: a ella persiguen, siempre, bajo la forma de todos los motivos, sus intenciones. Ella es su dedicación última, su más secreta devoción. A ella, también, nuestros compañeros evocan con su pleitesía. 

Por Ángel Ese y Emily Mandy

«No hay dos iguales, todas son hermosas», Jacqueline Secor

Ese sabor no insoluble, pero soluble a la piel.
Esa cavidad cóncava al sol, tracciona mi dios…
Recuerdo los tejidos fatuos donde celebré las ceremonias,
que son el éxtasis y la delectación,
que es el erguido miembro,
como baboso fusil.

Quien llenara tu camino viscoso,
con tenebrosa ternura, moriría;
de la concupiscencia semidios, que en un fin eterno y brutal
todos los fines justifica.

Huye, corre sangre venal, llena la vacuidad de su lecho:
las pasiones agita, porque es de las pasiones
su entraña y su víscera vital;
es el esfuerzo por alcanzarlo, una contienda
al hombre, inmanente,
que degradar al segundo rango se permite
la inmodestia del tentador ano.

Ahff!!! Cariñoso coño
Ahff!!! Tierno y mojado coño
Ahff!!! Frondoso e ineficaz,
o estrecho como el sendero en la selva
que atravesó el gloriado Ángelo,
desmemoriado patriarca.

 

Otro poemas del coño: La batalla del coño

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