Uno de los secretos de la juventud es que te vuelve inmortal y que su pureza trasciende las marcas de la piel, que se empecinan en anotarla por acabada. En esa pelea contra el tiempo, que no concede de descansos, una melodía se adueña de los músculos para revivir el olor de la infancia y jugar bailando. De golpe, en un instante sublime, la música ahuyenta a los dolores y desafía a la cordura a seguir el paso. 

Por Wally Abaca – Especial para El Corán y el Termotanque

sasasa

Hay una edad en la que todo te remite al pasado. Más bien al propio. Y más concretamente, a la niñez. Y de repente uno se descubre poniendo ese momento a como algo épico. La épica de la niñez. Y en realidad uno no sabe si los hechos acontecidos por esa edad tienen que ver con la realidad. Uno tiene tendencia a magnificar momentos felices. Y si no lo son, se los olvida o se los guarda en un lugar íntimo. Eso fue exactamente lo que me sucedió el miércoles por la noche en el festejo de los cuatro años de retorno de la banda venadense la Sasasa, en el Berretín.

Las tarantelas, los pasodobles, las cumbias, hicieron que magnificara mi niñez. Ese tiempo en que todos los fines de semanas toda la parentela de mi madre se reunía en una casa. Los niños correteábamos por entre las sillas viviendo ese ambiente de jolgorio, comidas, vinos y música. Guitarreada y bailongo. El piso de tierra se regaba bien temprano cuando aún los invitados no habían llegado. Así me parecio ver al Berre cuando llegamos con el fotógrafo Javier. Todo bien regadito y adornado con globos bombucha colgando de los pies de los micrófonos, de las sillas y del techo.

Es muy interesante la vuelta de tuerca que la banda ha efectuado en estos últimos años. Es que en la etapa anterior a estos cuatro años, en la prehistoria del grupo, su música parecía sacada de una película de Kusturica. Mucho pogo y arengas. Pero por estos días, el grupo ha decidido un rescate de lo zonal. De los bailes populares de campo y de pueblitos de esta pampa húmeda y gringa que habitamos. Su música huele hoy a humedad de galpón, a chapa transpirada. El rescate es nostálgico, pero una nostalgia lanzada hacia adelante. No hay llanto ni queja en la música de la Sasasa.

Desde su ingreso al escenario cual murga rioplatense, los integrantes se aprontan acústicamente hacia el centro de la escena y, de una nomás, arrancan para adelante. El sonido se asemeja a una gitana tetona que te avanza en la calle pidiéndote plata, queriéndote adivinar la suerte. No podes escapar. Sonido balcánico, tarantelesco del sur de Italia, mezclado con la cumbia y el disco setentoso. Todo eso mixturado con la música característica zonal, música de nuestros ancestros italianos y gallegos.

El rescate de aquellos maestros suena a reivindicación y parecería que esta tierra también pudiera poseer su propia música, como en Córdoba el cuarteto, o en Santiago la chacarera. Hay un material para tener en cuenta. En ese sentido, la banda se transforma, queriéndolo o no, en una junta antropológica itinerante.

Y tipos como Eleuterio Pigliapoco, Juan Oscar Brugnara, el maestro Guidovaldi, al cual en el final del show le rinden un homenaje con un set bailable de su autoría, son puestos en el centro mismo de la escena.

Y lo de la crónica del recital bailable a esta altura ya no es tal. Porque, para ser sincero, a este sospechoso cronista, que pocas veces puede escapar de lo autorreferencial, con la excusa de que es uno es el que da sentido a las cosas, le sirve como justificación tal reflexión.
Y reflexiona: El recambio le vino bien al grupo. Se esta viviendo un momento de madurez. Pero eso no les impide rockearla como en aquellos primeros tiempos. Las generaciones se renuevan constantemente entre sus seguidores. Y todos se mezclan en la danza. Todos saben que en un recital de la Sasasa se baila o se baila. Y se miran cómplices.
Fotografía: Javier Cebrero


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Integrantes

Daniel Alvarez: Saxo Tenor
Pablo Costamagna: Saxo alto
Martín Donatti: Trompeta
Roman Ronco: Batería
Horacio Dibene: Percusión
Pablo Vernetti: Bajo
Walter Garcia: Percusión
Walter Gagliardino: Voz
Javien Pighin: Guitarra

Guillermo Salinas – Ph.
Eduardo Correa Luna – Ph.
Martin Arias – Manager
Federico Sagripanti – Ingeniero de Sonido
Leonardo Quiroga, Hernan Fabiani – Cheff + Stage

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