Voces sin voz se ahuecan; pasos sin pies se disipan; dedos sin palmas se pierden; ojos sin vida se cierran. La posibilidad de lo mismo no coincide con el dramatismo del tiempo, no hay que volver a salir para entrar, no hay que agarrar para que se caiga, del otro lado del cuerpo, hay otro cuerpo; desde el otro cuerpo, hay un salto o un abismo, un terraplén, una cascada y un borramiento, una silueta que no se deja. Depende del cálculo o de su irrebatible ausencia. 

Poema: Carolina Rizzato | Ilustración: Emilia Repetto

 

Me levanté
salíPor Emilia Repetto
caminé
con dos zapatos distintos,
sin querer,
qué distinto se camina
cuando una sale
de la comodidad;
ninguno era mío,
qué distinto se camina
con los callos de alguien más.

Usé después
dos manos distintas,
sin querer,
dos manos distintas;
qué distinto que se siente
con las llagas de otra gente;
ninguna era mía,
qué distinto que se siente
con la piel de otra verdad.

Hablé después
con dos gargantas distintas,
sin querer,
qué distinto que se dice
con el silencio del que no puede hablar
ninguna era mía;
qué distinto que se dice
cuando nadie quiere escuchar.

 

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