Poesía | Viaje por la ciudad I - Hay manantiales o desiertos. El desierto y los manantiales crecen. Hay también un cielo que obstruye la fuga. Hay nubes y unas calles que se intercalan, y pies, varios pies, que se siguen, monocordes, de allá para acá, o a la inversa, del día hasta la noche, o a la inversa. Pinturas, graffitis, imágenes. Rostros, figuras pergeñadas. Semblantes. Exhibiciones. Invitaciones. En definitiva, toda una ciudad, o alguno de sus fragmentos.

Hay manantiales o desiertos. El desierto y los manantiales crecen. Hay también un cielo que obstruye la fuga. Hay nubes y unas calles que se intercalan, y pies, varios pies, que se siguen, monocordes, de allá para acá, o a la inversa, del día hasta la noche, o a la inversa. Pinturas, graffitis, imágenes. Rostros, figuras pergeñadas. Semblantes. Exhibiciones. Invitaciones. En definitiva, toda una ciudad, o alguno de sus fragmentos. 

Por Eva Wendel | Ilustración: Matías Basla

Material frondoso y verde.

Semillas de primaveraIlustración: Matías Basla
que brotan en la ciudad.

Desde baldosas y parques
emergen como selvas.

También, desde tu balcón,
flores de energizantes aromas
chorrean frescor.

La vie en bondi al atardecer
y los spots de campañas,
piñones fijos más burlescos que presentes.

El árbol me ha devuelto el nacer.

Aspiro smog del bueno,
bordeo muros,
me alejo de la ciudad.

Voy a contramano
de los otros y de mí.

Unas cuadras más
y las caras de las gentes cambian.

Rostros sinceros de abulia
atraviesan peceras de vidrios.

Una pequeña me clava, al pasar,
su desesperanza.

Como en una película de exorcismos
un proyecto dañino
de pesadillas y pesares
me despiertan del porro.

Son las seis y cuarenta y ocho p.m.,
son las mismas caras de ayer
y de antes de ayer.

Tengo que seguir caminando,
debo regresar para la primavera.

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