Me levanté
salí
caminé
con dos zapatos distintos,
sin querer,
qué distinto se camina
cuando una sale
de la comodidad;
ninguno era mío,
qué distinto se camina
con los callos de alguien más.

Usé después
dos manos distintas,
sin querer,
dos manos distintas;
qué distinto que se siente
con las llagas de otra gente;
ninguna era mía,
qué distinto que se siente
con la piel de otra verdad.

Hablé después
con dos gargantas distintas,
sin querer,
qué distinto que se dice
con el silencio del que no puede hablar
ninguna era mía;
qué distinto que se dice
cuando nadie quiere escuchar.

Poema: Identidades – Carolina Rizzato

Fotografía: Agostina De Mileto

 

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