Poesía | Tu cuerpo - Poema: Trifón Ajetreo | Ilustración: Ulises Baine 

Todo se deforma, nace y pierde. Podría decirse, también, se desintegra, pero reinicia en otra materia. Todo es un primer bocado, el sabor avisándose de golpe, la confusión, el desparpajo, todo de nuevo. Va olvidándose, queda atrás, se digiere. Masticación apurada, saliva colmada, pedazos del halo freídos, almuerzo, merienda y cena. Todo pierde forma, es casi lo mismo. 


El diablo come carne fresca
y mastica
hasta que los dientes
se llenan de sangre
hasta que la lengua
saborea el frío
que la muerte regala
sobre el final
de los finales.
Se regocija desde el fuego
y nos mira,
ofrece un pedazo
«esta bueno», dice
y acercás la lengua
no te disgusta,
y empezás a sospecharte peor
de lo que te hicieron creer
en casa
tus tías
tus amores
tu maestras de colegio;
primero los pelos,
que son pocos, pero son
debajo, tejidos que gritan,
células que desaparecen
y el dulce calor humano.
Mordés
porque es el momento
porque la miseria corroe
y no hay dioses que te salven de ella:
clavás los colmillos para arrancar
lo que los mandamientos prohíben.
Tal vez así sea, pensás
el placer explosivo de los últimos minutos
caminar sobre el filo
reconocer la bruma
saberse perdido
encontrarse disperso;
quizá de eso se trate,
suponés,
esta podredumbre de respirar
en falso vivo.
Todo eso camina por tus ojos
mientras seguís excavando
entre la piel y los huesos.
Te duele y te encanta,
dolor extraño
que termina en un poema sin forma
con un cuerpo destruido
muriendo entre los dientes:
el tuyo

«El ángel rojo», por Ulises Baine

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