En el mundo sobran bombas. Vietnam sangra el atropello de los imperios. El «mayo francés» es un recuerdo vivo que atesoran los soñadores. América Latina siembra un futuro utópico a la sombra de la revolución cubana, mientas desde el norte bajan línea de formación juvenil. En Argentina las Morsas desplazaron a las Tortugas y el régimen atenta contra la libertad en todos sus órdenes. En medio de aquel desconcierto global cuatro jóvenes, atravesados por las nuevas sensibilidades de la época, editan lo que será una de las piezas fundamentales de la música nacional. 

Por José Luis Morelli | Especial para El Corán y el Termotanque

Almendra Sesión 1970

Los sesenta. Los que la vivieron la recuerdan como la única y mejor época. Un pensamiento cerrado los lleva a afirmar hasta el hartazgo que nunca más se vio algo así. Los no tan jovatos, con una apertura mental considerable, coinciden con ese dato pero no reniegan de lo que vino después. Incluso continúan curioseando las novedades. Los jóvenes categoría 80-90-00 la citan con gran respeto y aprecian un presente cargado de contenidos artísticos.

Los lectores sabrán que entre 1960 y 1970 el mundo convulsionó en mil pedazos. Florecieron ideas, pensamientos, canciones, revoluciones, literatura. Pelos largos, ropas de colores, drogas, amor libre, entre otras. Libertad devenida en placeres corporales y mentales (no se olviden del psicoanálisis). Algunos padres, hasta el día de hoy, todavía reniegan. Pero lo cierto es que de allí acontecieron miles de sucesos que alimentaron la cosmovisión de tipos como Luis Alberto Spinetta, Rodolfo García, Edelmiro Molinari y Emilio del Guercio (el orden de los nombre no responde a ningún esquema sino que es producto del azar). Y sobre todo, las ganas de crear.

El disco podría pensarse como la mejor banda de sonido de lo que pasó en el periodo 60-70. Desde lo musical, estético y representativo. Lo primero, porque la banda ya soñaba con tocar como los Beatles. Pero en vez de imitarlos (algo habitual en aquel tiempo) decidieron ser creativos. Composiciones propias, cantadas en castellanos y, fundamentalmente, originales. Canciones que no cuentan con registros parecidos a, o que más adelantes se volvieran a escuchar. Nunca más se escucharon temas como «Color Humano», «Laura va» o «Figuración», por mencionar algunos.

Desde lo estético: salían a escena cuatro muchachos extra flacos, con ropas de colores y pelo largo. Inquietos, parecían burlarse de la cámara en sus fotos, se los ve felices y en permanente movimiento. Pero también tenían sus fotos en serio. La más recordada será la los cuatros tirados al piso envueltos por la bandera argentina. Años después los Who harían lo mismo con la bandera inglesa.

Finalmente explotan en lo representativo. Ya el rock argentino estaba asomando la cabeza con Moris, Nebbia y Martínez desde el llano. Pero Almendra representó lo mejor de todo lo que estaba surgiendo. El tiempo les dio la razón porque ese disco disparó un montón de composiciones nuevas. Contagió el espíritu compositivo en el resto de sus colegas. Vox Dei, Color Humano, Nebbia (continuó innovando como pocos), Charly García, por mencionar algunos.

Almendra no imaginó todo lo que generaría después. El disco salió en enero de 1970. Al dar play se oye un arpegio armonioso que pone en alerta la sensibilidad del receptor. Síntesis perfecta entre lo que Miguel Abuelo quiso transmitir con sus «Mariposas de madera» (en el concierto de las bandas eterna Luis admitió que se inspiró en esa letra) y el viaje lisérgico accidental que tuvieron los Beatles para musicalizar un simple dibujo animado: «Lucy In theSkyWhitDiamonds».  La descripción de cada parte del cuerpo del objeto deseado y una frase como «sueña un sueño despacito entre mis manos hasta que por la ventana salga el sol», son de las mejores líricas que jamás se volvieron a ver y/o escuchar.  (Nótese que ni siquiera hizo falta nombrar el título de la canción).

El track 2, «Color Humano», enseguida avisa que comienza la aventura por mares de algodones, sin mareas y sublimándonos. Progresión de cuatro acordes en permanente tensión que nunca explotan. Pero despierta un interminable vuelo de nueve minutos. Edelmiro Molinari comanda el vuelo a través de su solo de guitarra. Una duración insólita en un mercado que sólo lanzaba canciones de dos o tres minutos. ¿Se la puede catalogar del primer rock pesado? Cuanto menos es una suite progresiva sin antecedentes.

Almendra«Figuración» invita al desafío de enfrentar esa realidad irreal. «Si vas a perder tu amor /alguien te ha dicho ya/ aunque no eres real/ vas a perder tu amor», cantan los coros (como si fuera la voz de la conciencia).  Y retrucan: «Figúrate que has vuelto a ser el mismo/ nada te contenta/ a partir del alba/ te verás caer, ya sin figurar/te verás caer». Una historia tensa entre las emociones y la realidad figurada.

Llegará el rock and roll con «Ana no duerme». Esa chica que espera sin poder dormir. Solo quiere jugar, salir a la gran ciudad. De nuevo el deseo: la luz, el mar. La liberación. El mundo vive la revolución sexual y estos chicos (Spinetta tenía 19 años) se ponen a la vanguardia de la época (Ana podría simbolizar la liberación de la mujer). Un tema tan volátil que el receptor casi no percibe los cambios de ritmos (de rock a jazz swing y pequeñas variaciones en los riff de guitarra). El tema arrasa todo lo que tiene adelante en dos minutos  y medio.

«Fermín» trae tranquilidad al disco. Edelmiro Molinari pasa al órgano mientras Luis toca unos acordes complicados y dan vida a una suite/balada. Instalan la tristeza de ese hombre confundido. Años después contaron que fue inspirado en un chico con discapacidad mental que buscaba su felicidad en un mundo que le da la espalda. «Hoy tu tristeza al sol quiere ser real/aunque no lo creas».

Un mundo que es un chocolatín en la «Plegaria para un niño dormido». Continúan con el aura de tranquilidad del tema anterior. Una especie de canción de cuna que narra la visión de alguien que observa a un niño dormir. «Plegaría para un niño dormido/quizás tenga flores en su ombligo/ y además, en sus dedos que se vuelven pan/ barcos de papel sin altamar».

En una entrevista el Flaco dijo que en realidad se refería a un niño azotado por la pobreza.

«Ese tema habla por sí mismo. Hay una crítica a la injusticia del mundo, habla a las claras de un sistema represivo. Pero la denuncia se hace con dulzura: tiene la virginidad que le corresponde, en ese sentido. Por más que tenía un gran impacto cuando lo cantaba, si analizás la letra ves que es pura ideología cristiana: el semejante, el prójimo, la Luis Alberto Spinettasolidaridad. Una temática a la que Nietzsche se opone rotundamente». Ver más acá.

«A estos hombres tristes». Una mezcla de acordes, ritmos y tiempos. Un rock-tango. Muestra sólida de la grandeza del rock argento. La parte tanguera se ubica en la  letra. «Cuánta ciudad/cuánta sed/ y tú un hombre solo». La melancolía propia del género. La parte rockera se la lleva la música: basta oírla e imaginarse que la canción tranquilamente podría ser un tema de Pescado Rabioso.

La pegadiza «Que el viento borró tus manos». Un jazz precioso que invita a pensar en aquel objeto de deseo que se va y quizás algún día vuelva. Mientras tanto el viento borra los recuerdos. «Dónde estás ahora/que el viento borró tus manos/Dónde estás ahora/tu cara es muy gris/tu imagen se va”

El cierre con «Laura va». La banda siempre confesó su admiración por los Beatles. Se ve algo de eso en el desarrollo del disco. Con el final lo terminan de confirmar. «SheisLeavingHome» y «Laura va» van por el mismo sendero. Pero recordemos que venimos resaltando la originalidad de Almendra. Aquí vuelven a romper todo lo establecido con la incorporación de un bandoneón (ejecutado por Rodolfo Mederos). Jamás visto en el rock. Otra muestra clara de la grandeza de estos pibes que sin ningún temor sentían admiración por Astor Piazolla.  Y, al mejor estilo «Eleanor Rigby» incorporan arreglos orquestales de la mano de Rodolfo Alchourron.

La tapa. Nobleza obliga recordar que el hombre de la tapa representa todas las canciones. Es un álbum conceptual, sin dudas. El ojo, la lágrima y la flecha de sopapa. A «Laura va» le corresponde la flecha-sopapa, al igual que «Ana no duerme» y «Fermín». El sobre interior indica que la flecha-sopapa corresponde a los «temas que les cantan los hombres a esa lágrima del hombre de la tapa atados a sus destinos».

Hay mucho material escrito sobre la tapa. Lo cierto es que este es un disco bisagra en la historia de la música. Un reflejo de una década marcada por aconteceres históricos. La liberación de la mujer, la revolución sexual liberada por los jóvenes, las utopías de un mundo mejor, el espíritu solidario. Mientras, el rock inglés que no paraba de sorprender al mundo. Y Almendra llegó y abrió el camino. Todo era posible a partir de este disco. Música y letras en nuestro idioma. Lenguaje en lugar de palabras.

Pensar que tres meses más tarde el mundo quedaría huérfano de los Beatles (se confirma su separación).  Pero nosotros teníamos a Almendra y un devenir fantástico  (por lo menos en el mundo del rock y la música en general).

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