Crónicas | Vudú

El frío rosarino, que amenaza con escondernos a todos detrás del vidrio, quedó en un segundo plano porque la música volvió a ganarle la pulseada. Quienes comandan la noche traen rock, agudos y la promesa de que será un buen momento. Con más chasquidos que aplausos, el público le firma fidelidad a una banda que escribe la historia en las páginas grandes para desmentir (o chicanear), aquello de que dios atiende solamente en Buenos Aires. 

Por Virginia Gigli | Especial para El Corán y el Termotanque

Preludio al mejor estilo Vudú. 

Vudú Rock I

Ellos son la melodía que personifica la raíz musical rosarina, el encanto del rock, el poder del blues y el rock and roll. Progenitores del buen sonido, cálidos y carismáticos en escena. Talentosos en conjunto, artistas natos y perspicaces, que juntos inspiran el talento que nutre a una buena banda.

Siempre bien recibidos, y queridos, el embrujo rosario, formado en el año 2000, está integrado por Ike Parodi (voz), Nahuel Antuña(bajo), Willy Echarte (guitarra) y Mario Laurino (batería). Presentaron su electro acústico en los jueves de Pugliese, apostando a la movida del vivo en la ciudad.

Repasando temas de toda su carrera, el repertorio musical contó con canciones adaptadas a lo acústico, más armónicas y con menos riff, atravesados por las notas del dulce blues.

En esta ocasión, el público los esperaba en masa, animados por los temas del DJ Eloy Q, pero ansiosos para que al primer minuto de la medianoche, luego de finalizar el partido en Arroyito, Vudú asomara al escenario.

Amor longevo

Con «Canción de fuego», perteneciente a su segundo álbum Sueños eléctricos, abrieron la noche, sentados todos, en sintonía y tranquilidad, con predominio de guitarras, sonando todas a la vez.

Luego tocaron la emotiva versión de «Los fantasmas», con voces a coro complementando la cantata. Sin perder el centro que lleva la voz de Ike, con su mezcla de tenor y barítono haciendo fuerte presencia en la melodía. Y mucho sustento de guitarra acústica.

Influenciados por las notas del blues, con sus nostálgicas y sensuales melodías, y  mechados con alegres tonos del rock and roll, cautivaron al público, una masa grande, que lo sigue y lo quiere.

Vudú Rock IILa ejecución de instrumentos contó con violas, bajo, batería, cajón, teclado, algunos instrumentos de percusión,  y una eléctrica que sonó en casos puntuales donde la guitarra no puede alcanzar un tono más agudo y conmovedor.

Y en clave de sol
un poema escribió en su pared…

Hubo un cambio de violas y apareció la locura del perfecto blues, con «Ella y él», y las riquísimas notas agudas del bajo y la guitarra con la técnica bend, al que cautivaron con el son de cada bata sonando, y la perfecta combinación que encauza la voz de Ike.

Luego tuvieron un papel especial teclado y bajo en «Soy como un río», improvisando la falta de la eléctrica. Añadiendo además un poco de percusión a la noche.

Los cinco sonaron increíblemente, en «El vuelo», un tema que nos emociona a todos cada vez que lo escuchamos. Mientras en el fondo, siempre, imágenes rústicas de otros shows, en plano detalle, acompañando la presentación.

Los pelos de Ike, enrulados, largos y al vuelo, las camisas negras y camperas de cuero, formaban parte del vestuario sobre el escenario.

En el medio del show, pedían chasquidos, no palmas, el público siempre respondía. Podían escucharse los aclamados: «¡Vamos, Vudú!», «¡Agarrá la eléctrica!», «¡Metele Rock And Roll!»

Entonces Willy agarró la eléctrica, y se lució; pero también tomó la guitarra de doce cuerdas, y nos dejó atónicos. ¡Hay que tocar una de seis! Una piensa, imaginate con doce. No dejaron ganas de nada, mostraron todo, el talento a flor de piel, sobre el escenario.

Y yo escucho la música que suena  en mi corazón,
y yo canto los temas del Flaco y de los Rolling Stones
;

«Kiosko y porrón» no podía faltar en la velada, que poco a poco iba llegando al final para cerrar con «Vino blanco» al perfecto estilo del rock and roll.

Los cinco en el escenario, haciendo reverencia, fue la imagen final del conjunto. Ellos serán siempre el clásico grupo rosarino, anfitriones de la música, queridos por todos, pero no sólo por su sencillez, sino por su grandeza, la cual comparten en todo evento, dejándote sentir parte de ellos. Participan y se prestan para toda actividad. Se nota que les gusta lo que componen, y hacen valer ese don y esa profesionalidad que tienen como músicos. No son sólo artistas, son conocedores y educadores del mundo melómano. Y lo logran, te llevan, te comparten su magia, su embrujo,  y vos querés seguirlos, hechizarte, ser parte. La movida Vudú, es una de las más abiertas, y por supuesto de ellos hay mucho para aprender, y mucho más por descubrir.

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