Poesía | Números - En qué la cosa se vuelve cosa, y después cifra. Las sumatorias, las restas, la división y las fracciones, el cálculo todo, parece pertenecer a otro orden, más alejado que lo cotidiano, más frío, también más exacto, por eso menos humano. De eso se deducen ajustes, arreglos, acomodamientos, sincericidios, descalificaciones. Número a la baja, montos en alza, deducciones, planificación regular. Unas vidas menos cotizadas, un montón de esas cosas que se escapan y no son.

En qué la cosa se vuelve cosa, y después cifra. Las sumatorias, las restas, la división y las fracciones, el cálculo todo, parece pertenecer a otro orden, más alejado que lo cotidiano, más frío, también más exacto, por eso menos humano. De eso se deducen ajustes, arreglos, acomodamientos, sincericidios, descalificaciones. Número a la baja, montos en alza, deducciones, planificación regular. Unas vidas menos cotizadas, un montón de esas cosas que se escapan y no son. 

Por Leandro Llull | Ilustración: Sergio Molina

Con la luz apagada y una pata menos en los lentesMujer con niño, por Sergio Molina
mi vieja saca cuentas para ganarle a la inflación.
Tengo cinco años, el mundo
es una cocina oscura y una mujer
tentando que las cosas entren en sus números.
Las cifras se ocupan de la impotencia y de la falta
y ella pega tickets, hace sumas
en los márgenes, glosa y adjunta las notas
garabateadas en retazos.
Siendo una de esas bocas destinadas
a salvarse por la maravilla del guarismo,
empiezo a entender que las verdades
son un pequeño tajo de sol
en la habitación ensombrecida
donde una mujer se desvive
para que la matemática sea,
como Descartes quiso,
un arma que descompone,
y al final, nos une.

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