«Fuimos empujados hacia la subsistencia»

Por Ernesto David Sánchez | Especial para El Corán y el Termotanque

De camino al bar, voy leyendo a sobrevuelo las noticias del día en internet. Los portales de diarios digitales se desesperan por publicar resúmenes actualizados de la conferencia de Aranguren, en la que habla sobre los consumos y aumentos de las tarifas de servicios en las diferentes provincias del país. No se enlazan con notas de opinión, ni reflexiones de politólogos; ni siquiera hay entrevistas a personas que se vean afectadas. No existe ni la menor intención de parar un segundo, hacer silencio y reflexionar.

El bar que elegimos para la entrevista está pintado completamente de negro en el exterior, como si vistiera de luto. Llego media hora antes, pero Carla Saccani ya está esperándome. Directora, productora, actriz y dramaturga, de pelo corto rubio, ropa informal y ojos cansados. Es militante del Movimiento Vea Teatro Rosarino (VEA) y también del peronismo kirchnerista, porque no piensa que el arte esté escindido del compromiso político. Con apenas 36 años, Carla ya cuenta con un historial prolífero y cierto renombre en el ambiente del teatro. Da la impresión de ser una persona que está acostumbrada a que sus días sean largos. «Yo ya pedí, pero ahora llamamos de nuevo a la moza», dice y me sonríe. Todavía no sé explicar qué es lo que me transmite. Es cordial, pero con una mirada de reflexión distante. Al principio siento que nuestro diálogo suena artificial, como una entrevista de trabajo, pero con el paso de los minutos cambio de parecer. En realidad, Saccani no fuerza en absoluto sus palabras; lo que tiene es la determinación de los militantes. Cuando habla, sus opiniones pisan firme porque recorren caminos que ya han atravesado muchas veces. Son reflexiones discutidas largamente, que fueron haciéndose fuertes a partir de enfrentarse decenas de veces con otros argumentos.Carla Saccani, directora de teatro.

El antes

«Es difícil vivir del teatro, eso no es algo que se dé solamente ahora. Mi pelea es justamente esa: que sea un medio de vida y no un hobbie». Carla explica que en Rosario es difícil independizarse del salario docente. Las obras no suelen dejar demasiado, y tampoco ve que exista una costumbre por parte de los rosarinos por ir a ver teatro. Por este motivo surge el Movimiento Vea Teatro Rosarino (VEA), un movimiento que Saccani impulsó junto a teatreros de diferentes generaciones. «La idea es fomentar un teatro independiente que busque de alguna forma tensar los límites del lenguaje teatral, pero que al mismo tiempo sea un teatro que piense en el público».

Pero entonces, ¿cómo se sostiene una producción, si los ingresos que se obtengan de las entradas no son siempre redituables? «Nosotros estamos contemplados en la Ley Nacional de Teatro», explica Carla. «Tanto los grupos, como los elencos y las salas recibían subsidios. Yo siempre recibí apoyo para mis producciones, de la misma forma que la mayoría de los que producía».

Le pregunto a Carla si esta llegada de subsidios en la época kirchnerista se vinculaba con su cercanía al partido. «No, en ese sentido no quedan dudas, porque a pesar de mi militancia manifiesta, tuve muchas diferencias con el representante provincial, al punto que incluso llegué a tener un enfrentamiento. En ese sentido,el kirchnerismo jamás me dio nada a nivel “lobby”. Pero desde 2003 hasta 2015, nunca dejé de recibir subsidios para las obras en las que actué o dirigí. Me rompí el culo preparando carpetas y proyectos. Pero los subsidios llegaban porque les llegaban a todos. Era impensable que no te lo diesen».

Carla me cuenta sus inicios en la profesión. Después de pasar por la carrera de medicina, en el año 2003 participa por hobbie en su primera obra teatral, una experiencia que le da algo de dinero y le abre la ventana a pensar que tal vez sea posible trabajar de lo que uno le gusta. «En esa época mi familia le empezó a ir bien. Pude empezar a comprarme libros, ir al psicólogo, hacer teatro. El kirchnerismo fue un estallido vital, sin el cual tal vez no me hubiese animado a saltar la barrera cultural y decir “me dedico a hacer arte”».  Para Carla, esa es la actitud que define a un gobierno inclusivo, y no a uno que contempla la cultura como una mercancía.

En referencia a este punto, Carla cuenta cómo se vivieron desde el sector teatral las elecciones presidenciales. «En 2015 estábamos todos preocupados. Había conciencia de lo que podía pasar. Pero yo en la primera vuelta estaba confiada. Fue muy angustiante cuando vi los resultados de la primera vuelta».

El durante

«Después de la primera vuelta me volví sciolista. Antes ya militaba y entablaba debates con la línea kirchnerista más dura, y con la izquierda, más que nada, intentando convencer a todas las personas que me cruzaba de que no votaran en blanco, sino que lo votaran a Scioli», cuenta Carla, y explica sus diferencias con la movida del Macri No. «El “Macri No” fue un error en el sentido que debería haber sido “Scioli Sí”. La referencia a Macri, aunque sea negativa, termina beneficiándolo a él».

Sin embargo, Saccani relata que era muy difícil encontrar personas de la línea progresista que se sintiesen cómodas de votar a Scioli, y convencerlas se tornaba una tarea compleja. «Entiendo la postura, porque Scioli tampoco es mi candidato favorito. De hecho, si el representante del kirchnerismo era Scioli, probablemente yo no me hubiese acercado a compartir el espacio».

Incluso dentro del sector del teatro, teniendo en cuenta que la política del Instituto de Cultura de la provincia de Buenos Aires fue muy positiva mientras estaba Scioli. Tenían una Ley Provincial de Teatro, además de la comedia municipal y los subsidios a la producción. «Tal vez mi error fue hablar demasiado con personas que ya tenían interés en lo político, y abrirme a discutir también con votantes de Macri».

Pero cuando los resultados del balotaje aparecieron, ya no hubo nada que hacer. «Yo me largué a llorar. Fue terrible. Me la terminaba esperando los últimos días, pero no la quería aceptar. Y somos responsables de que haya ganado Macri. Todos. Porque no militamos lo suficiente».

El después

Posterior al impacto de perder las elecciones, los tragos amargos no dejaron de llegar. Mientras Carla Saccani presenta su obra Tenerlo Todo, se entera de que no van a recibir el subsidio. «Es una locura, porque esta es una obra elogiada por la crítica y por el público. De hecho, es una obra a la que le sigue yendo muy bien. Claramente la calidad está, así que la negativa al subsidio es posible que se deba a una animosidad hacia Sebastián Villarojas (mi amigo y colega) y hacia mí, porque tenemos diferencias muy grandes con el responsable del Instituto Nacional de teatro (INT)».

La mayoría de los subsidios jamás llegó, y este recorte de presupuesto tiene consecuencias concretas: «Yo veo que se estrenaron muchas menos obras», comenta. «Y también repercute en una merma del público, a pesar de que, en lo particular, mi obra tiene éxito».

Así como para Carla, desde 2003 atravesó una etapa de consumo y posibilidades que ella denomina «estallido vital», a partir de este año es consciente de que compra muchos menos libros, dejó de salir a comer afuera, limitó sus actividades pagas y que es posible que afecte la producción misma de su trabajo. «Creo que todos los trabajadores de la cultura nos estamos preparando inconscientemente para que se corte la canilla y tengamos que salir a ganar el mango en el día a día. En Tenerlo Todo, tuvimos que salir a recaudar la plata de la producción porque el subsidio no llegó. Y tuvimos la suerte de que la obra tuvo éxito. Pero esta situación probablemente lleve a un empobrecimiento de cierta calidad en el trabajo. Porque para la próxima obra, como sé que no voy a contar con un subsidio, probablemente yo no ponga plata mía si se que después no la voy a recuperar. Muchos dirán que la calidad del trabajo tiene que seguir igual. Se puede sostener igual. Y es verdad, la calidad de mi trabajo va a ser la misma; pero si yo pensaba hacer la obra con cierta escenografía y cierto recurso técnico, ya voy a decidir no ponerlo. Y eso es un empobrecimiento. Fuimos empujados hacia la subsistencia», explica Saccani, dibujando el camino de una repercusión en lo tangible que aleja aún más al teatro independiente de lograr una profesionalización por rubros.

Este panorama es un golpe que genera que una gran cantidad de actores no encuentren la salida a cómo mantenerse, y terminan abandonando su vocación. Una situación que Carla lamenta terriblemente, y al mismo tiempo repercute no sólo a las personas que ya están dentro del teatro, sino que le levanta la barrera a los nuevos actores sociales del campo específico. Probablemente sean muchos menos los que se animen a seguir su vocación, cuando se dan cuenta que no les rinde económicamente.

«Sin embargo, las personas que hacemos teatro no vamos a dejar de hacerlo. Se buscaran otras formas u otros medios. Y probablemente esa instancia de subsistencia nos obligue a salir y pelear más fuerte. Pienso que el Estado debería apoyar al teatro, no quiero caer en ese lugar común de plantear que el arte florece en la crisis. Pero creo que el lenguaje se profundiza cuando hay un enemigo que te quiere destruir, y hay necesidad de defenderse».

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