«No estábamos preparados para esto. Uno nunca está preparado para pasarla mal»

Por Laura Hintze | Especial para El Corán y el Termotanque

Diego Casanova cierra la puerta de su casa y yo suspiro. Miro a las chicas: están sonriendo, también suspiraron. Las tres nos sentimos aliviadas: el ídolo, el que canta en la banda que nos encanta, no nos defraudó.

Volvemos caminando por las calles de Alberdi. Son los primeros días de ese sol caluroso que hace que la sombra de los árboles valga la pena. Caminamos con el entusiasmo de saber que la nota salió bien. Ya queremos editar. Ya queremos escribir. Pienso que estaría bueno relatar este momento. Pienso en Casanova y me río, me va a matar, ya lo dejó en claro: no quiere ser un referente, Diego Casanova es una persona que quiere escribir canciones. Su única excepción fue Mauricio Macri. Su única excepción fue pararse en el escenario y dejar en claro: «El límite es Macri. Y a él le decimos que no».

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El tipo ceba mates sentado en un tronquito en el living de su casa. Un piano, una guitarra y un patio verde, copado de malezas, hacen al escenario. El tipo ceba mates y cuenta con soltura. Estaba en esa misma habitación el 22 de noviembre de 2015, cuando se enteró que el Pro había ganado las elecciones nacionales.  

¿Y qué te acordás de ese momento?

―Es muy fuerte lo que te voy a decir, pero fue como cuando se murió mi viejo. Yo hacía cinco, seis meses que sabía que iba a morir. Intentamos prepararnos para una situación pero era imposible, el cachetazo fue durísimo. Esto fue igual.  Yo estaba convencido de que este botarate iba a ganar. Convencido. Así y todo, no dejaba de pensar que por ahí me equivoco, por ahí me equivoco y gana el otro.

Casanova cuenta con soltura y se ataja.

―Pero te digo, que ganara el otro a mí tampoco me significaba una seguridad en algo. Lo que pasa es que a esto ya lo había visto yo. Una cuestión generacional. Los que tenemos 30, 40 para arriba ya vimos estas caras. No es que sabíamos que iba a pasar algo parecido. Era la misma gente. Exactamente la misma gente. La muchacha del flequillo, Bullrich, no puedo entender cómo sigue dando vueltas. Era lo mismo. No había error, ni forma de que fuera otra cosa. Esto era algo que estaba mal, nos iba a hacer mal, eran las mismas personas que nos iban a hacer mal y no había posibilidad de que no sucediera esto.

Diego Casanova, cantante de Rosario Smowing | #SéLoQueHicieronElBalotajePasado

El cantante de Rosario Smowing, que no quiere referenciarse como tal, vuelve siempre al cachetazo y admite: la esperanza es lo último que se perdió. Y siempre, hasta el ¡plaf! del resultado final, pensó que el resultado podía revertirse. Y se ataja: «tampoco me entusiasmaba mucho». Casanova dice que en esos momentos de poca lucidez y mucha esperanza solía sacar conjeturas, pensar un montón de pavadas motorizadas por una sola duda: «¿cómo puede ser que este estúpido gane?»

Ceba mate y enumera lo que pasaba por su cabeza: que le entregaron el poder al Pro para que el barco se les hunda a ellos. Que robaron votos y llegaron hasta ahí, que en realidad perdieron por diez puntos y afanaron hasta donde pudieron.

―Y te digo, si yo hubiera podido, hubiera afanado votos. Yo sé que no está bien, pero estoy convencido que ésta no fue una elección del pueblo, sino de los medios. Yo soy un tipo muy fácil de convencer, por la radio, por quien sea, sólo que después me tomo el trabajo de pensar. Hay mucha gente que no. Pero además, hay una generación que no vivió la parte anterior. Creo que se abusaron mucho de eso. El que no pasó por el dolor, es muy difícil que reconozca lo que va a pasar. Me parece que se abusaron de eso.

El sol de septiembre empieza a aparecer por la ventana. Está por cumplirse un año de esos días sobre los que Casanova fue invitado para contar,  recordar y pensar. El músico no piensa en haberse equivocado. «Para mí, esto siempre fue mucho más gráfico que cuando lo tuvimos al rey Carlos Saúl, que había una cuestión de poder muy grande, un liderazgo muy grande. Este muchacho no. Yo terminé la escuela con el plan fines, hace algunos años, y estoy convencido de que él no me resiste una conversación ni quince minutos. No puede hablar. No ha vivido. Nunca compró en un almacén. Nunca pagó una cuenta. Es imposible que alguien así pueda gobernar. Por eso estoy seguro que no es él el que gobierna. Hay un cónclave, un conjunto de garcas juntos que pusieron a este muñeco para que cumpla una función, nada más».

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Diego Casanova tiene 50 años y lo conocemos porque canta en la banda local Rosario Smowing. Y como es el que canta, es la cara visible, el referente que no quiere ni puede ser. Él se dice rosarino, enamorado de Rosario, aunque llegó a la ciudad cuando tenía doce años. Cuenta que a los 22 años se fue y que en el año 1997 se dio cuenta que lo que amaba estaba acá: los amigos, el río, el club. Y se quedó en Rosario. «Me gusta ser parte de esta ciudad. Es un enamoramiento, soy de acá. Cuando haya que tirar piedras, voy a estar del lado del Paraná. Y si me apurás un poco más, te digo: zona norte. ¿Y un poco más? Del Canaya».  

Una de las características a las que hace referencia el músico sobre él mismo es que es una persona que cambia permanentemente. Da el ejemplo más claro: cambió el equipo de fútbol. «Era hincha de San Lorenzo por una tradición familiar y todo, pero me di cuenta que no quise perderme el abrazo con mis hijos para gritar un gol, ni abrazarme con mis amigos, o vivir de esa manera el barrio».

¿Vos pensás que como artista tenés alguna responsabilidad?

―Yo no creo que tenga una responsabilidad como artista, no puedo hacerme responsable de otros con sólo hacer canciones. Aporto mi pequeña parte que es vivir a conciencia, estar de acuerdo con lo que hago y digo y también saber que puedo equivocarme. Uno involucra a mucha gente con las canciones. Y enseguida lo involucra humanamente. Yo soy hincha de Central y no quisiera ni pensar a quién votaron los jugadores o el técnico. No estoy seguro de que esta postura esté bien o mal, pero no me animo a hacerlo. No quiero ponerme en importante. No quiero que mi opinión sea «ooooh mira lo que dijo Casanova». Casanova escribe canciones, y siempre habla del río y la luna. «Y punto: mi opinión es muy personal, y cuando te involucrás así no sos justo».   

Rosario Smowing no suele participar de eventos que involucren decisiones políticas o partidarias. La excepción fue tocar para la campaña Macri No. «Era una bandera muy fácil de levantar. Estaba toda la banda del mismo lado. Fue fácil decidirse, sentar un precedente. Era como una necesidad. Sentar postura. Yo estaba convencido de que no íbamos a cambiar absolutamente nada cantando canciones, pero era sentar una postura y decir “yo sé lo que viene”. Yo sabía lo que iba a pasar. De mi parte fue eso, una forma de anunciar lo que iba a pasar, decir yo no tengo la culpa, o al menos, no tengo toda la culpa. No tengo esta última parte de la culpa».

¿Volverías a tocar en un acto contra Macri?

―Sí, no tengo ningún problema. Porque Macri es mi enemigo, sin dudas. Yo me voy a enterrar, pero te digo: Cristina no es digna de mi confianza, pero hizo sonreír a mis amigos, familia y a mí en muchos momentos. Este tipo no, no hay posibilidad que suceda. Todo lo que pueda pasar con él va a ser peor y encima, estoy convencido de que no sólo no se va antes, sino que se queda otra vuelta.

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Aunque la participación de la banda haya sido escueta, Casanova se acuerda de ese mes como los días en que todos militaron. El tipo, que ceba mate sin parar y habla del río Paraná y Rosario Central en clave poética, es un ciudadano más y su relato se condice con el de todos los que sintieron ese 25 de octubre que había un mes para intentar cambiar la historia. Cuenta que su familia es de tendencia gorila y que con su hermana lograron que su mamá vote a Scioli. «Cada mensajito, cosita, detalle servía. Cada cual encontraba su modo de intentar convencer  al otro de que nos iba a ir muy mal. Me encantaba eso de ir por todos lados, con cualquier cosa. Me acuerdo que después del partido que nos robó Boca (final de Copa Argentina, 2015) en la cancha se repartían volantes que decían: Votar a Macri es votar a Boca y traicionar a Central. La cosa era convencerte como sea, desde donde sea, de que lo hagas. Lo intentamos. Pero no sucedió».

Y yendo un poco más lejos, a la última década. ¿Hiciste un análisis de qué hiciste vos para llegar a esto?

Sí, ¿qué hice yo? La plancha. ¿Y qué me pasó durante esos doce años? Me fueron convenciendo de algunas cosas. Las políticas sociales eran las que habíamos pedido toda la vida, pequeños detalles que necesitábamos que sucedan. Que venga uno y diga: «Bajé el cuadro éste». Cositas. Que alguien se le pare a Clarín y le diga: «Vos, tomatelá». En ese momento no importaba de qué lado se parara. Si había alguien tirándoles piedras a nuestros enemigos, nosotros queríamos agarrar las mismas piedras y seguir tirando. Después, en el medio uno empieza el sí y el no, lo que está bien o mal, lo que me gusta o no. Y había otra cosa: esto de que la gente hablara de política. Cuando yo era más pendejo estaba acostumbrado a pensar que el Estado es garca y entonces cualquiera que sea presidente es garca. No existía que la juventud apoyara un proceso gubernamental. Ver gente joven militando convencida, que se hablara de política en las familias, discutir en una mesa. Todo ese proceso me gustó mucho. Se abrió un juego donde se podían discutir cosas.

¿Y qué te quedó de esas discusiones? ¿Sentís que estamos más preparados para enfrentar a la derecha?  

―No, no me siento así. Lamentablemente. Parece que la desilusión fue tan grande que se desarmó todo lo que se había construido. No estábamos preparados para esto. Uno nunca está preparado para pasarla mal. Los que más sufren y están sufriendo son los que laburan. No quiere decir que yo no labure, pero yo he sido un busca toda la vida. Yo me las arreglaré con cualquier cosa. El tipo que decidió que su vida dependa de un sueldo, ese está al horno. Eso es lo que pasa ahora: la desilusión, ir a trabajar sin ganas, que te falte la plata, ganar menos, trabajar más. De hecho, yo supongo que muchos debemos tener muchas deudas desde este año. Al menos me pasó así. Empezó este marmota y yo junté deudas. Yo me acuerdo como era eso, pagar una cuenta ahora y patear para el mes próximo. Más o menos me acuerdo y no está bueno, me gustaba más antes.

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