Crónicas | Lancha - Dos amigas conversan en un depósito hecho laboratorio, mientras una pantalla muestra el cuerpo de un hombre inquieto: la presa. Nuestra cronista escribió sobre una obra que explora diferentes superficies de la mentira. Se detuvo en los personajes, reparó en la escenografía y revolvió entre sus lecturas para componer lo que sigue.

Dos amigas conversan en un depósito hecho laboratorio, mientras una pantalla muestra el cuerpo de un hombre inquieto: la presa. Nuestra cronista escribió sobre una obra que explora diferentes superficies de la mentira. Se detuvo en los personajes, reparó en la escenografía y revolvió entre sus lecturas para componer lo que sigue. 

Por Mariel Ghilino | Especial para El Corán y el Termotanque

Plano I

Entre tubos de ensayo, goteros, acuosidades de colores e inyecciones, dos trabajadoras con mamelucos blancos, máscaras y gruesos guantes de látex negro vierten líquidos de un recipiente a otro. Se las ve en una situación controlada, automatizadas, que les permite que su atención ceda, de vez en cuando, a charlas y confesiones. La rigurosidad científica pasa a una segunda instancia cuando lo personal se vuelve contextual. Y más solidez pierde aún cuando es llevada a cabo en la parte de atrás de un supermercado chino. Parece que a la noche hay heladeras que no se apagan. Sin embargo, algo huele mal.

Plano II

Será porque somos sujetos de la era de las pantallas que mi mirada se escapa, intermitentemente, hacia otro personaje que aparece en vivo en un televisor. Un hombre con el torso desnudo no para de moverse dentro de una pequeña habitación que parece estar próxima al laboratorio. A veces parece que baila, otras que sufre. ¿Es parte de un experimento en manos de estas mujeres? ¿Está secuestrado o se encuentra allí por voluntad propia? Cuando se conectan ambos espacios, este laboratorio y esa sala, la mentira queda en evidencia.

Lancha | Teatro Rosario

Plano III

Mónica está enamorada del dueño del supermercado chino. El Tutuca, así le llaman, no aparece en ningún momento, pero está presente en todo lo que expresa Mónica. Lo puedo imaginar por los chistes que Helena le hace a su compañera, cayendo en todas las ofensas racistas comunes que un «oriental» sufre: petiso, amarillo, casi sin ojos, «manicero». Con el correr de las horas, esa burla inicialmente risueña de Helena se va transformando en gritos, mientras su vida sentimental empieza a develar la razón por la cual cada uno está donde está. «El Tutuca tiene una lancha, podemos ir los cuatro», dice Mónica, desesperada.

Plano IV

Cada tanto, y de golpe, todo se vuelve oscuro, tenso. Una luz estroboscópica marca el ritmo de la escena.

Entonces, los personajes parecen no tener filtro, ni para tomar roles en situaciones ridículas o perversas, ni en sus pensamientos. No existe la vergüenza, no existe la mesura.

Vuelve la luz continua.

La realidad retorna a su estado normal, tal como venía transcurriendo antes del flash.

¿Acaso nuestra psiquis no son secuencias discontinuas de imágenes pasadas y futuras o de una mezcla de ambas? ¿Deseos que se realizan en nuestra fantasía? ¿Estrategias y planes antes de actuar o series absurdas, extravagantes? No se asusten si por momentos se sienten videntes de la mente de los protagonistas de Lancha.

Lancha | Teatro Rosario

Plano transversal: la mentira

Las mentiras, desde las más irrisorias a las más estratégicas, recorren los distintos niveles de la historia. No sólo se engañan los personajes entre sí suscitando giros inesperados, sino que como espectadores nos sentimos engañados por el mismo protagonista que a la vez nos hace reír.

En 1625, Bacon ensayaba sobre la afición natural que tienen los hombres por la mentira: «No es que lo hagan por placer, como los poetas; ni por beneficiarse, como el comerciante, sino por la propia mentira». Indudablemente, todos mentimos. La mentira funciona como retórica de nuestra mente, siendo tan inherente a nuestra complexión que tendemos a reflexionar más sobre la verdad que sobre el componente que hace de la vida una poesía a la sombra de la falsedad.


Contacto

Lancha
Teatro La Manzana

Ficha técnica

Dramaturgia y dirección: Felipe Haidar
Actúan: Cele Bardach, Emiliano Dasso y Dana Maiorano
Asistencia de Dirección: Sol Pierobón
Proyecciones: Orquidea Mapping
Música Original: Matilda
Vestuario: Nicolas D’Aquila
Escenografía, diseño y realización: Huella Laetoli, Victoria Madariaga
Realización de panel: Ramiro Seguezzo y Alejandro Rodríguez.
Fotografía: Alejandra Segovia
Ilustración: Belén López Medina

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