El siguiente texto data de la noche en que los demonios subieron hasta el Olimpo a bailar jazz. Nuestro cronista estaba contra la barra, cuando en el centro de la pista el suelo se abrió y comenzaron a salir criaturas extrañas que se deslizaban por las paredes y el techo al ritmo de la música. Solamente querían bailar porque esa noche el infierno no era tan encantador. 

Por Jero Dean Moriarty | Especial para El Corán y el Termotanque

Y usté vió cómo é, cuando arranca la estasión má calurosa a uno le entra gana de salir a partir de la noche a escuchá música a un boliche con aire acondisionado, que no tenga que pagá, con servesa fría, si puede sé artesaná, y camina por caye mendosa y se crusa con el bar Olimpo, y justo e jueve y usté sabe que hay jam session y que está tocando lo mejore músico de la siudá, y tiene que arremangarse la camisa y entrar de costadito nomá porque el bar está full y hase un caló immsericorde, vió, y se distingue en el esenario a lo grandísimo hijo de buda, el Pepa que arranca moderándose como pibe en una juguetería; temblando y traspirando allá abajo de lo foco entra el Seba con un delay posta, del esenario llega el ritmo endemoniado de Tomá, que toca el contrabajo como si cosquilliara a demonio de Tasmania, y Seba de pronto arranca con una fenomenal retaíla de nota fustigante y acuchiyante, despiadado y frenético ametralla al público, y el swing entra violentamente en lo corazone de lo asistente que se revuelve en lo asiento, se agarra de la pata de la silla y enpiesa a rebotar contra el piso, enfuresido, comiensa a subirse por la parede y arrojan desde el techo pedaso de papel y pororó y confeti, mientras abajo la moza se cubre la cara con la do mano, todo lo jueve igual, ella aman la música pero no e para tanto che, si al final todo se conocen pero claro, cómo enfrentarse a esa marabunta de alma sedienta de jazz, cómo oponerse al pandemonio que se confecciona en el Olimpo todo lo jueve, si é presisamente lo que tiene en pie el viejo edifisio, el grandísimo e incontestable dió Jazz que vibra en lo dedo virtuoso y entreteje una telaraña que no atrapa suavemente, que no hase olvidá la maldisión de viví en nuestra época, la macroinstruksión computarizada intitusionalizada y gerarKisada, no devuelve al jazz artesanal gitano y atemporal, al bichobolita intemporal que se cierra al tacto artifisial, nos devuelve a una époka y un lugar que sigue siendo aquí y ahora pero es también lo otro, la memoria distorsionada e idílika de lo Otro, la esperansa, el sentimiento, el aprendisaje de las generasiones de la historia, la viktoria de la nuestra, por pura coyuntura, un jueve a la noche en Olimpo bar.

Olimpo Bar | Jazz Session

INTERIOR. NOCHE. El público, enfervorizado, toma la pista de baile y sacude los pies a ritmo de swing. Los músicos, acostumbrados a tales demostraciones de poder, no pueden sino sonreírse mutuamente y encarar un nuevo tema, Turceasca, jazz gitano de los Balcanes. Es entonces cuando se abre un agujero inmenso en la pista de baile del que emergen llamaradas que calcinan las columnas y el techo. De dicho orificio comienzan a trepar demonios de pequeña estatura, de color rojo carmesí, provistos de pequeños cuernecitos, colas con punta de flecha y tridentes. Los asistentes, lejos de tener miedo, dan la mano a sus nuevos compañeros de baile y pronto conquistan todos los espacios disponibles, se meten en la cocina, el patio y los baños. La dirección del Olimpo, acostumbrados a este espectáculo, observan la algarabía con un codo apoyado en la barra:

―Todos los jueves lo mismo―comenta Juan, y toma un largo trago de cerveza

―Todos los jueves igual―responde el Oso, con cara de aburrimiento―. Pero todos los jueves distinto. ¿Cómo hacemos para atraer a este tipo de clientela?

―Te lo dije, el swing es la música favorita del demonio―concluye Juan, y da otro trago.

Entonces, al escuchar su nombre, el mismísimo Lucifer emerge de entre las llamas, violín en mano, y se sube al escenario, que se prende fuego, y comienza a tocar en su violín Minor Swing, mientras Seba, Tomás, Pepa y Fran le siguen en la guitarra.


 


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