Por Nicolás Manzi | Especial para El Corán y el Termotanque
Una gata en los techos cerca de la esquina

Una gata llega a una casa ya habitada por dos gatas; luego de olfatearla la dejan pasar a su reino, que es presentado rápidamente en un paseo: en un lugar, las piedras (la responsabilidad), y en el otro lugar «el plato en forma de pez en donde aparecía la comida».

De esta manera se presenta en La novela histórica de corazón, de Agustín González, la relación entre el mundo de los humanos y el mundo de los animales. En esta ficción, son los animales los que se humanizan y realizan las acciones que los hombres creen realizar por sí mismos. Chaparrón, una gatita chiquitita, estudia el piano; Melitón, una gata de militancia radicalizada que odia a los humanos, había sido humana pero fue transformada por un gualicho; y Corazón, la narradora de la historia, que es una escritora dedicada y concentrada en su trabajo.

La historia, entonces, contada con la caligrafía de sus garras, en esta oportunidad propone un repaso por los mitos que construyen un espacio y una sociabilidad: la historia de Rosario. Más precisamente la de una esquina puntual de la ciudad, la de Urquiza y Corrientes, que es la que habitan las gatas. El relato supone un tiempo fuera del tiempo, y afortunadamente, el recurso del que se vale Corazón para contarla es el de la literatura fantástica: en un momento se abre una puerta, una persona la atraviesa y se produce un viaje en el tiempo. Estela Peirano cae y aterriza en el mismo espacio al sábado 19 de mayo de 1904, momento y lugar en el que se inaugura el teatro Colón.

Para contar la historia, Corazón es auxiliada por el autor que realizó una intensa y efectiva investigación de las más diversas fuentes, tanto en la Hemeroteca de la Biblioteca Argentina como en los libros de historia de Rosario, tanto en los populares, como Vida cotidiana, Rosario siglo XX, de Rafael Ielpi que en su edición en colores es atrapante para todo lector, así como en la bibliografía más específica como el de María Luisa Múgica, pasando por libros de Zinni y Álvarez, entre otros. El relato de Corazón va repasando fragmentos de la sociabilidad en Rosario, poniendo a la protagonista en los lugares que ella misma conocía. La ciudad es la misma, dice Corazón que afirma Estela, mientras visita la farmacia que todavía se mantiene en el tiempo, en una de las cuatro esquinas que forman la intersección de las calles.

Sin embargo la ciudad se va transformando a lo largo de la historia, y la demolición del teatro Colón es el dato que cierra el ciclo de este aventurero relato. Entre los reconocidos personajes, de ilustres apellidos, que aparecen en la historia, tiene un protagónico el escritor Fausto Hernández, de quien Baltasara editora reeditara recientemente su Biografía de Rosario y El mito de Francisco Godoy, sin dudas una lectura de la que Corazón debe haberse nutrido también.

La gata, puede decirse, pone a Estela Peirano en los lugares en donde sucede la historia de la Argentina: la caída de Yrigoyen y la visita de Eva son las marcas en que la política aparece como tema, pero también en la elección de nombres de abolengo, que reafirma, de algún modo, que la historia de Rosario, o al menos la de Urquiza y Corrientes, es cosmopolita y moderna. El mito de la ciudad prostibularia que complementa al del rancherío que rápidamente es habitado por inmigrantes que vienen a trabajar en la incipiente industria, refuerza las tesis que ponen en el centro a la zona de Pichincha y que proponen el nombre de La Chicago argentina. Pero también Corazón le dedica unos párrafos al nombre de la ciudad, y nos cuenta que Rosario antes era Pago de los Arroyos, y que los habitantes originarios eran indios calchaquíes que establecieron rancheríos que los españoles aceptaron porque estaban lejos de las ciudades que ellos construían. Los indios, en contacto con los europeos católicos, terminaron aceptando la figura de la Virgen del Rosario que en su traducción representaba a la Pachamama.

La narración es llevadera, hipnótica podría decirse, como logran cada vez los gatos que entran en contacto con los humanos, ya sea acostados junto o sobre las personas como en ese lenguaje tan atractivo a los que salimos siempre a darles la atención que nos piden.

Una gata escritora es el sueño de todo amante de la literatura. Sin dudas, una novela para leer junto al ensayo de Julieta Yelin, La letra salvaje, editado por Viterbo en 2015, seguramente en el ensayo que aborda El giro animal. César Aira y Wilson Bueno, en la página 177.

 

La novela histórica de Corazón, Agustín González, Ediciones Danke, Rosario: 2016.

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