Malvinas y el reencuentro de cuerpos errantes que caminan en círculos alrededor de un episodio que los arrancó de la vida. Un galpón con las provisiones que nunca llegaron a la guerra y el frío como el único recuerdo de la piel. La crónica que sigue pasó por abajo de la puerta un día de lluvia. El autor, en una pequeña nota aclaratoria, nos dijo que había ido al teatro y que después de la obra el texto salió solo. 

Por Julián Favre | Especial para El Corán y el Termotanque

Las paredes rojas de El Rayo Misterioso se hacen notar en la esquina de Salta y Suipacha, en diagonal al famoso pool, pleno corazón del barrio Pichincha. Ahí donde desde hace años no dejan de abrir bares y cervecerías artesanales, también hay lugar para el teatro independiente.

21:45 nos encontramos en la puerta, amigos y amigas que no frecuentamos los espectáculos teatrales, pero llegamos con una recomendación precisa que a cualquier curioso le resultaría suficiente. Mejor dicho, un comentario sobre cómo Carne de Juguete refleja las actitudes que tuvimos durante de la guerra de Malvinas, que a cualquier argentino le resultaría suficiente. Con esa simple idea de lo que veríamos, entramos rápido y encaramos hacia la boletería donde atendía un hombre de rulos.

— 180 la entrada… Ah, pero ustedes reservaron como estudiantes, 130 entonces — dijo sin pedir credencial ni nada por el estilo, y nos dejó un 2×1 en chopp artesanal.

Nos amuchamos en una de las mesas que lucen forradas con artículos de diarios y revistas publicados sobre los trabajos del grupo, y no llegamos a sacar un tema de conversación que nos aturdieron las campanas, señal de que se abren las puertas y es momento de pasar a la sala. Entramos y nos ubicamos a media altura, mientras los actores ya dialogaban y se movían de acá para allá.

— Cómo se usa esto de hacer entrar a la gente con la obra ya empezada — susurra Lucas que de esto algo sabe, tal vez el más interiorizado del grupo.

El escenario estaba lleno de cajas. Una mujer de unos 30 años, con pollera de jean y camisa, y un hombre de unos 60 con un sobretodo y una boina de la época las corren para todos lados e intentan ordenar un poco tanto desastre. Están vaciando un galpón en el que quedaron almacenados objetos, ropa y alimentos que no llegaron a destino, allá por el año 82.

El clima cambia totalmente cuando irrumpen dos personas más, totalmente fuera de sí, desprovistos de toda cordura, sin reacción y sin noción de que se presentan totalmente desnudos. Por momentos responden, por momentos no, pero manifiestan perfectamente las obsesiones de seres que quedaron atascados en un tiempo determinado, sin poder hablar de otra cosa que de la guerra y de sus proyectos de vida frustrados. Los espectadores sabíamos que veríamos muertos, pero nadie hubiera imaginado tal representación.

A partir de allí veríamos la crudeza con que el joven caído en combate y su madre, que no pudo soportar tanto dolor potenciado por un cáncer terminal, enfrentarían la actualidad del padre y de la novia del soldado, quienes revolvían las cajas del galpón. Culpas, reflexiones que llegaron (muy tarde), y recuerdos de las actitudes más estúpidas que puede tomar una sociedad ante un hecho de tal magnitud. En el medio, cada uno supo entonar himnos que también quedaron petrificados, como los temas de Spinetta y hasta de los Beatles. El resto, difícil de contar en estas líneas. Pagar para ver.

Con el final caen aplausos y también algunas lágrimas. Nosotros nos miramos con gestos de aprobación y volvemos a las mesas, comentando sensaciones y con ganas de gastar el 2×1. Pedimos un par de pizzas y ahí nos quedamos, sin muchas palabras, asegurando que la recomendaríamos. De hecho lo estoy haciendo, estas cosas suceden en el Rayo Misterioso, la esquina de Salta y Suipacha, pleno corazón de barrio Pichincha.



Contacto

Carne de Juguete

Ficha técnica

Actúan: Claudia Schujman, Roberto Stabile, Federico De Battista y Yanina Mennelli
Dramaturgia y dirección: Gustavo Guirado

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