En un barrio muy parecido a la vida que llevamos puesta, la realidad y la ficción se mezclan para armar una historia. El tiempo se escapa, pero se queda, mientras los espectadores se confunden entre las mesas y los personajes que van y vienen hacia un escenario que no es más que toda la ciudad de Rosario. Nuestra cronista y su compañera llenaron varias veces el vaso al ritmo de una obra que se lleva puesta cualquier noche y nos enviaron lo que sigue. 

Por Eva Wendel | Especial para El Corán y el Termotanque

Las ocho caras de un mismo lado

El sábado por la noche pasé a buscar a una amiga y fuimos a ver la nueva obra de Carla Saccani y Maru Lorenzo. Nos habían anticipado acerca de la duración; sin embargo, no dudamos en aceptar. Confieso que flasheé cualquier cosa cuando me dijeron que iban a ser dos partes; ni remotamente creí que iba a seguir la misma historia.

La obra empezaba a las ocho y media, pero tuvo que retrasarse por un inconveniente con la electricidad. Mientras esperábamos adentro, sentadas en un bloque de butacas compactas, entró Cristian Molina y nos afirmó que la yeta la traía él desde la tarde, ya que el destino le había estado poniendo delante una suerte de eventos desafortunados, uno tragicómico, como el relato del hombre araña que había caído desde algunos metros de altura en el Parque España (por suerte no le había pasado nada); y otro siniestro, pero de una práctica común en los tiempos que corren: un operativo policial requisando a un grupo de pibitos pobres que no estaban haciendo nada raro, en esa tardenoche y en pleno centro. Pan y circo.

Fotografía: Guillermo Fournier

Durante el relato de Cristian, ya sentí estar dentro de la obra. Pero volvió la luz y fuimos en busca de una mesa cerca del escenario. Enseguida se reactivó todo, estuve unos ansiosos minutos levantando la mano, sin lograr que uno de los mozos me viera. Pero al final hubo recompensa: pizza, birra y arrancó.

La nueva producción teatral de Maru y Carla consta de tres actos divididos en dos capítulos. Cada uno dura algo más de dos horas. En total creo que estuvimos cinco horas en el mismo espacio, contando el intervalo. La historia es una distopía, ambientada en las elecciones de 2015, en un barrio peligroso de Rosario, llamado Octaedro, en donde empiezan y se suceden los enredos entre los narcotraficantes, los dueños de un multimedios y los políticos, todos entongados y en plena campaña electoral.

Voy a hablar desde mi lugar de espectadora: a la hora y media había visto muchísimas escenas (increíblemente enlazadas y con un manejo escénico y actoral de primera calidad y un uso impecable de todos los espacios del teatro; la banda sonora, otro tanto); pero, pasado ese tiempo, quise que ya viniera el final: empezamos a sentir que la extensión era injustificada.

Nos dio la impresión de estar viendo el primer borrador de un guión, uno al que le hubieran venido bien algunos cortes. Un ejemplo de los más notorios: los personajes explican (en ocasiones varias veces a lo largo de casi cinco horas) algunas cuestiones que el espectador ya sabe, bien porque se explicó en otra escena, bien porque se pueden inferir de lo que se viene contando o de la propia experiencia personal del espectador (que vive en este mundo, país, ciudad, que sabe lo complicado que es tener un hermano, lo corruptos que son algunos periodistas, las traiciones que se pueden dar en una pareja, etc). Es por esto que consideramos injustificada la extensión. El no apelar al sobreentendido termina, de una manera u otra, poniendo al espectador en una situación muy incómoda, incluso físicamente incómoda.

Por otro lado y a pesar de lo anterior, la cantidad de actores en escena, la energía que transmiten, no permiten que te vayas. Es tan bueno el trabajo que hacen, que se ganaron nuestro respeto. Por el contrario, debo decir con respecto a ciertos discursos que no logré entenderlos, o que quizás me desconcertaron, como los papeles asignados a las mujeres  (casi todas son la zorra, la trepadora o la tonta) y otro tanto los de los dos travestis, que encarnan el discurso religioso delirante. Tal vez fui yo la que no entendió el tratamiento elegido en este sentido, pero no puedo dejar de notarlo, porque creo que es algo de lo que ya tuvimos suficiente en la producción cultural.

Fotografía: Guillermo Fournier

Por lo demás, la historia es actual y candente, tal vez por eso hayan considerado necesario aclararnos, antes del comienzo de cada capítulo, que lo que estábamos por ver no se correspondía con la realidad, como las novelas, que nos anticipan que lo que vamos a ver es ficción, el pacto implícito entre todo autor y espectador. Es teatro. Es ficción. Toda puesta es un riesgo. Todo acto es político. El que se sienta ofendido que se joda.

Para el segundo capítulo nos pedimos más para beber y serían cerca de las doce cuando arrancó el acto 2, intitulado «La Campaña», en donde todos los compañeros y compañeras entran cantando la canción de campaña y repartiendo a los espectadores los volantes con las Propuestas 2015 de Teresa y Camilo De la Flor, candidatos a diputada y concejal, respectivamente. El acto es una pieza maestra y el cambio de ritmo llega como aire fresco; los actores, para sacarse el sombrero. La obra en general pasa por todos los estilos y por todos los estados, incluido el humor chabacano. Tiene momentos cómicos, dramáticos y un movimiento entre escena y escena que es maravilloso, además de un mobiliario excéntrico que es genial.

Lo último que había visto en el Caras y Caretas fue otra obra dirigida por Carla Saccani: Tenerlo todo. Quedé obnubilada, la recomendé a todo el mundo.

Insisto: creo que lo que más nos perturbó en Octaedro fue el manejo del tiempo, tal vez un poco de culpa tenga el ritmo adquirido de las series. Insisto también en destacar el trabajo actoral y la puesta en escena, la música, la caracterización de los personajes. Pero no el tiempo, nos sentimos dos espectadoras kafkianas, nos atravesó por ese lado, después de la hora y media, dos horas, queríamos que se terminara y cada escena parecía la última, pero el final no llegaba. Así, hasta pasadas las dos de la madrugada, momento en que pagamos la cuenta, nos subimos a un taxi y nos fuimos.


Contacto

Octaedro, 2015 d.C.
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Ficha técnica

Dirección y dramaturgia: Carla Saccani
Actúan: Emmanuel Alanis, Daiana Bonus, Marta Fritschy, Alicia Oddo, Mariano Sáez, Marcos D’Agostino, Marco Cettour, Belén Ballesteros, Verónica Ortiz, Luciana Mangó, Celuia Parola, Armando Durá, Juan Carlos Capello, Claudio Sánchez, Gabriela Isele, Elías Blanco, Macu Mascia y Juan Tardío.

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