Por Ber Stinco | Ilustración: Leo Petrovelli

No hay reglas,
no hay formas,
no hay nada.
Vivir es un prolongado
y sentido plano secuencia 
anclado en un contrapunto,
marcado por el laconismo.
Breve,
como la lista de supermercado
de un solitario,
dictada por el monstruo
que nos mora residualmente
y nos revela
que nos faltan
contradicciones conscientes.
Aquí está,
llenando la casa
con sus aullidos
caos de barro, miedo,
mientras el cielo
es atravesado
por mil carruajes.
Sepan ustedes
que a mí
no me pasa desapercibido
cómo funciona todo esto.

Falta saber
por qué se detiene
la bolilla en un lugar;
la prisión sintáctica
la presión dialéctica.
Nos sobran artilugios retóricos
nos faltan
pétalos de orquídea
y un submarino
de las fuerzas armadas.

Nos sobran gestores turísticos literarios
nos falta subir el umbral del miedo.
Nos sobran fundaciones
que enjabonan activos
con el verso del arte y la cultura.
Nos sobran posteos,
selfies, cínicos, abogados,
camioneros, desocupados,
telemarketers,
coaching ontológicos.
Sobran.

Nos sobran
hinchas de Boca
Con sus camisetitas,
con sus cantitos,
con su unitarismo de provincia.
Liberales
con recibo de suelto;
monotributistas,
gorilotributistas.

Sobran escritores
atascados en la maldición setentista,
en el dique Borges.
Sobran intelectuales,
que se definen,
como intelectuales,
esos,
sobran todos.

Sobran series malas,
cervecerías artesanales.
Y hay un montón de músicos,
con sus banditas,
sus cancioncitas,
con sus flyers,
sus fotitos.
Nadie los necesita.
Con su montón de instrumentos
comprados en cuotas
con extensiones de tarjetas de crédito,
prestos para forjar el indie del futuro.
Y con aguinaldos y canutos
no declarados a sus parejas
para forjar el rock del pasado.

Emprendedores nos sobran,
especuladores sobran,
cambiadores de cheques sobran.
Sobran garcas,
usureros
y sobran dibujitos naif
como los que hace Milo Locket,
que tiene un poco de todas las cosas
que sobran,
ese sí que sobra.

Los banderines de colores sobran.
Sobran chetos bailando cumbia.
Y sobran negros, en este país
de negros chetos,
como los BMW, Nordelta,
como Miami.
sobran menemistas
Que no saben
Que son
menemistas.

Los periodistas sobran.
Los periodistas que hablan de periodistas
y los que solo hablan de peronistas.
Y periodistas
sin bautizar
sobran
en TN.

Sobran fenómenos discursivos
que dejan siempre las cosas
en el esquema
de la superestructura.
Sobran malos lectores,
los frívolos sobran,
los posmodernos.

Sobran eunucos
que organizan partidos
de fútbol mixto.
Faltan histriónicos rostros,
como el de Diego Armando,
puteando al Olímpico de Roma
como reinterpretación
de la comedia griega,
donde el coro,
en lugar de dialogar,
es interpelado por el héroe mitológico
de facultades sobrehumanas.

Acá sobra
simbología masona;
En las iglesias,
los templos,
en Salta,
en CABA,
en La Plata,
en los flyer
de las bandas
de los diseñadores
gráficos.
Las pirámides son sociales,
como las peras
y sobran,
porque en la argentina
todas las clases sociales
son marginales
y la más marginal
es la clase alta.

Faltan frases en guarany
en el argentino coloquial
y faltan remedios
que cubra el Pami.
Sobran boludos;
Boludos con tarjetas de crédito,
boludos con mujeres que les obedecen,
boludos que lavan el auto
los domingos a la tarde.

Sobran palabras
de la jerga
de administración de empresas,
de la jerga
Duran Barbista,
de la jerga
TED,
la herencia semántica
de la relativización,
de la desactivación,
del vaciamiento,
legado de fino espesor,
que repiten como mantra
esos manuales de autoayuda.
Y nos faltan pibes,
que no crean
que la doctrina peronista,
es un comic de Marvel.

Faltan espacios libres
para pensar
lo que no se debe.
Sobran eventitos.
Falta verdad,
pero la verdad,
en la posverdad
¿A quién le importa, la verdad?

Presos del lenguaje.
Falta hacernos el aguante.
Falta pensar cómo asumen
la lógica de acumulación de capital
los activistas duros
de lenguas blandas.
Progresistas en todo,
menos en lo económico.

Falta marxismo positivista
y sobran pibes que confunden
a Perón con el Che Guevara,
con Mao Tse Tung,
con Homero Simpson.

Lo que falta es fe.
Sobran religiones.
Falta un jardín de esperanzas,
donde ir a cortar una,
cuando uno,
se queda sin.

Sobran
lugares comunes.
Falta camorra.
Falta que el gordo cagón,
de Corea del Norte,
se acomode los huevos,
y le clave una pepa
a la gorda Trump,
esa Carrio de ellos.

Falta,
que el efecto
de realidad,
deje de forjarse en otro lado.
Y sobran
todas las cosas
que no le den una salida
de toda esta mierda
al ser humano.

Falta un lenguaje primordial
que no pueda devorar el marketing.
Falta la palabra,
por fuera del lenguaje
que nos abra la puerta.

Ilustra: Leo Petrovelli

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