Crónicas | Manifiesta (cuerpo en expansión) - Por Ernesto David Sánchez

"El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo." - Herman Hesse.

La primera obra que vi se llamaba «Uno ex-humo». En realidad no fue la primera que vi, pero fue la primera que recuerdo. Supongo que tengo una memoria caprichosa, soy incapaz de recordar los nombres de quienes integraron la Primera Junta pero aún así tengo vívida la imagen de una obra de la cual no entendí nada de nada.

Ver la obra era un trabajo obligatorio de clase y fui con mis compañerxs del secundario. Creo que todavía tengo guardado el panfletito: un hombre de rojo a punto de ser aplastado por un girasol gigante. Una impresión barata en hoja A4 y recortada al tamaño de una cajita de fósforos. Me acuerdo que, en la obra, el actor parecía un acróbata de circo que no paraba de hablar. Nada de lo que decía tenía sentido; describía su infancia pero todo parecía inconexo, arbitrario. A veces empezaba a gritar como si estuviera sufriendo un dolor agudo. En un momento empezó a recorrer el espacio, interpelando a una audiencia que mantenía un silencio sepulcral. Cuando me miró a los ojos no pude evitar el escalofrío en la espalda. Sentí la intensidad dentro de sus ojos, como si un río de montaña le estuviese atravesando el cuerpo. No me acuerdo si logré sostenerle la mirada, pero recuerdo que algunos compañeros no pudieron y empezaron a reírse, incómodos.

Manifiesta (cuerpo en expansión) | Foto: (@MANIFIESTAc)
La obra me pasó por arriba. Desconcierto absoluto y, sin embargo, no podía sacármela de la cabeza. Todo el fin de semana tuve una sensación opresiva en el pecho que no sabía cómo explicar con palabras.

Cuando tuvimos que debatirla en clase vi que ningúnx de lxs cuarenta estudiantes había cazado un fulbo. La profesora tuvo que sacudir mucho la jaula para que empezaran a caer algunas ideas. Con el paso de la hora, seguíamos dándole vueltas a la cosa y cada vez aparecían mas capas de sentido que al principio estaban escondidas. Dolor, violencia rural, homosexualidad, violación. Las palabras iban apareciendo desordenadas y con vergüenza. Tantos matices. Tanta profundidad. Tanto esfuerzo. En un momento tuve un destello de claridad y pude intuir de reojo lo que me estaba pasando: me habían regalado una experiencia que me superaba y ese estímulo me había afectado sin que me dé cuenta. Ya no había marcha atrás, porque una vez que uno entiende algo de sí mismo ya no puede desconocerlo. Era como el primer quiebre de un cascarón que ahora estaba obligado a continuar rompiéndose.

Hoy me toca hablar de Manifiesta (cuerpo en expansión) y lo mejor que puedo decir es esto: fue como volver a vivir “Uno ex-humo”. No solo porque ambas sean unipersonales, sino por la potencia de ambas para patearte en el pecho.

La interpretación de Jesica Biancotto empieza chapoteando en la superficie de un río que lentamente se va picando hasta arrastrarnos con ella a la tormenta. El extrañamiento del erotismo, la inocencia perdida y la necesidad de quitar al cuerpo de su lugar de producto de consumo. Todo trabaja en torno a la construcción de la identidad, intentando resquebrajar el cascarón en el que fuimos criados.

Manifiesta (cuerpo en expansión) | Foto: Clapss
Con un guión y una dirección muy agudos, Manifiesta trabaja con recursos que podrían parecer anormales para lo que son la mayoría de las producciones de teatro pero que, a medida que vamos atravesando la obra, aparecen como perfectamente justificados. Los cambios bruscos de situación, la experimentación con luces y las melodías de violín que juegan de forma orgánica con las desafinaciones se mezclan de forma surrealista con un piletón inflable y varios baldes de agua.

Todo combinado en una obra que formalmente puede que ser clasificada como teatro pero que, en realidad, se permite divagar por el afluente de casi todas las artes. Es humor, es música, es danza y acrobacia, es delirio, es pintura y, por sobre todo, es poesía. Poesía hecha cuerpo. Una obra que al principio te sonríe y te acaricia la mejilla pero cuando la mirás a los ojos te das cuenta que lleva contenida una rabia pujante. Una rabia transformadora que solamente te pide eso: que la mires a los ojos.


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