Episodios anteriores | Las pibas de la camiseta verde - Por Juan Mascardi

El fútbol se juega con los pies.

Patear una pelota. Esquivar un rival. Convertir un gol. Leer una jugada en tiempo real. Esquivar un
codazo. Saltar hasta las nubes. Gritar para motivar y motivarse. Tirarse de panza en un festejo. Dar
un pasegol con las manos en un lateral. Atajar en la línea un disparo presuntamente invencible.
Mirar al cielo esperando un milagro. Transpirar más en un partido que teniendo sexo furioso.
Inclinar el cuerpo como una bailarina de ballet. Colgarte del travesaño como repliegue después de
un gran ataque. Discutir un fallo arbitral con el mismo ímpetu que ahora tenés para cambiar la
legislación del aborto.

Un juego.
El fútbol no es una cosa seria.

Este texto es un paréntesis.
Un paréntesis que va desde las nueve de la noche del jueves 14 de junio del 2018 hasta las diez de la
mañana del sábado 16.

El después. Nueve horas después de un día histórico en Argentina. La Cámara de Diputados aprobó el aborto legal, seguro y gratuito, luego de un día entero de debate. Los legisladores dieron media sanción al proyecto que empezó a discutirse hace más de dos meses en las comisiones. Algunos especulaban con el empate. Pero no: (+) 129 (-) 125. En el último minuto. Un triunfo que no fue por goleada.

El aborto es una cosa seria.

Fotografía: Ana Isla | Sin Cerco

El antes. 49 horas antes del debut de la Selección Argentina en el Mundial de Rusia 2018, dos mujeres futbolistas llegar a un programa de radio para participar en el ciclo «Patear la pelota» en el Mercado Solidario. Luciana y Rocío juegan el en Social Lux de la Primera División de la Asociación Rosarina. Entrenan tres veces por semana, juegan oficialmente cuatro veces por mes, pagan una cuota social de 700 pesos, procuran mantener una dieta estricta, una estudia Turismo y la otra es carpintera, una es lateral derecho y la otra delantera, una simpatiza con River pero es más anti-Boca y la otra es de Independiente, ambas se declaran apasionadas por lo que hacen y se sienten profesionales aunque ninguna cobra un peso por jugar al fútbol. Ni ellas ni las 999.998 restantes que lo practican en Argentina.

El fútbol es una cosa seria.

Luciana Bacci tiene 22 y un papá que llegó a la primera de Newell´s «en la era de Balbo» mientras
estudiaba medicina. «Pero como era medio patadura entonces se fue a jugar a Japón». En su infancia no paraba de comprarse videos de Zidane y debutó jugando a los 8 en un torneo infantil
jugando entre hombres.

Rocío Dinatale tiene 26 y ocho hermanos que pide no nombrar por si se olvida el nombre de alguno. Llegó a Rosario desde Pergamino para estudiar un profesorado de Biología pero años después optó por el camino de la carpintería. Debutó en el fútbol femenino en el histórico Club Atlético Douglas Haig. Pero como sus compañeras le llevaban varios años, la primera vez que el diario de la ciudad agrícola y bonaerense publicó una foto del equipo a ella la bautizaron como «la
mascota».

—¡Tocale el culo!

Así alentaban los padres del equipo adversario a sus hijos detrás del alambrado en una cancha de
la zona oeste de Rosario. Luciana jugó hasta los 14 en el Rosario Rowing Club, equipo dirigido por
el exdelantero de Rosario Central, Fernando Lanzidei. Luciana recuerda también las piedras que le
tiraban, piensa en lo que debe haber sentido su madre y está convencida que el fútbol le forjó un
carácter, sino «te pasan por arriba».

—Si no me dejaban jugar nos agarrábamos a trompadas.

Así de desafiante había que ser para ocupar un lugar en los picados en Pergamino. Luego de
«machona» y «marimacho», Rocío ocupaba un lugar entre los pibes y jugaba. Aunque cuando la
ponían a atajar en el paredón, los adversarios le fundían sin buscar el gol, era una especie de tiro al
blanco y el blanco era todo su cuerpo.

—Si llega la monja, simulen que están jugando al handball.

 

Fotografía: M.A.F.I.A.

En los recreos las pibas jugaban al deporte prohibido. Una profe se los permitía. Pero con la purísima advertencia de que debían desarrollar el arte de la simulación ante la presencia inadvertida de una autoridad eclesiástica. Luciana, la piba que recuerda los aplausos y la sorpresa
que levantó después de su primera gambeta con amague, debía esconder su pasión en la escuela.
Rocío recuerda el acoso escolar por parte de sus compañeros. Y el silencio de las autoridades.
Sostiene que el desarrollo de las habilidades futbolísticas en la mujer es tardío. «Nosotros no
tenemos las las mismas oportunidades que los hombres, ya que ellos, de muy pequeños están con
una pelota en los pies».

—Messi.
—Sí, Messi.

A horas del debut frente a Islandia las jugadoras idolatran la habilidad del rosarino. Y sostienen
que el valor agregado de la Selección es la Pulga. Tienen fe y confianza. Son mujeres y están
entusiasmadas. No creen que el fútbol sea una cortina de humo para tapar ni los 28 pesos que
vale el dólar, ni la devaluación macrista, ni la revolución feminista que reventó las calles en contra
del aborto clandestino.

La camiseta del Social Lux es de color verde.

El fútbol no solo se juega con los pies.

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