Crónicas | MKB, la trama escocesa - Por Lautaro Dapelo

En el ambiente teatral circulan algunas supersticiones que, en caso de ser cumplidas, podrían arruinarte la función, la carrera o la vida. Estas van desde el famoso ¡Mierda!, ya que no es saludable desearle ¡Suerte! al elenco, pasando por la prohibición del color amarillo (quizás porque Molière vestía de este color el día de su muerte, horas después de bajar del escenario), y pueden llegar hasta la creencia de que dormir con el libreto debajo de la almohada puede ayudar al actor a aprender sus líneas.

Las supersticiones llegan también a la prohibición de mencionar la palabra Macbeth, porque aparentemente William Shakespeare introdujo conjuros reales en ella, o porque las brujas que se mencionan en la obra, no contentas con la caracterización shakesperiana, maldijeron la obra y a todos aquellos que formen parte de la representación. Esta creencia se debe, en parte, a que el actor que interpretó a Lady Macbeth en el estreno de la obra murió en el camarín al terminar una función. Si alguien dice la palabra Macbeth se puede limpiar el maleficio saliendo del teatro, escupiendo al piso por sobre el hombro izquierdo, girando tres veces sobre uno mismo, y pidiendo a gritos volver a entrar al teatro. Por las dudas esquivemos la maldición y no hablemos de Macbeth, sino de MKB, la trama escocesa.

MKB, la trama escocesa

Ya entramos en invierno y en el microcentro de la ciudad de Rosario se va sintiendo la estación más solitaria y oscura. Llegamos al teatro con mi compañera, no sin antes tiritar un poco en el camino, y fuimos recibidos por dos brujas con barba y polleras escocesas, que esperaban con simpatía en medio de una penumbra que se interrumpía por pequeñas linternas que alumbraban sus rostros. Las brujas nos acompañaban mientras entrábamos. Parecían amigables. Aparentemente, una de ellas quería ser nuestra amiga, pero la otra era amargada y quería cumplir con sus órdenes al pie de la letra. Entre las dos amenizaron un rato la espera.

Las brujas barbudas dieron comienzo a una obra víctima de rumores, como por ejemplo que no fue escrita por Shakespeare pero que sí fue escrita por un homónimo suyo, un hombre también llamado William Shakespeare. Los espectadores logramos relajarnos al saberlo, porque mirá si caíamos a ver una obra y nos íbamos con una maldición. Zafamos. Las brujas, además de presentarnos algunos datos bibliográficos, contextualizaron amigablemente lo que estábamos a punto de ver.

Los primeros hechos relatan que Macbeth (Nacho Farías), que no es el de la obra de Shakespeare porque estamos esquivando la maldición, y Banquo (Germán Geminale), compañero de Macbeth, se encontraron con unas brujas volviendo del campo de batalla. Las brujas barbudas (Nicolás Jaworski y Marcelo Pucheta) vaticinan que Macbeth pronto será coronado barón de Cawdor y posteriormente rey de Escocia, mientras que los descendientes de Banquo serán también reyes. Ellas desaparecen antes de cumplir con la petición de Macbeth de que aclaren lo dicho. Inmediatamente llega un mensajero confirmando una parte y nombrando a Macbeth barón de Cawdor.

MKB, la trama escocesa

Al verse cumplida una parte de la profecía de las brujas, el ahora barón de Cawdor le escribe a su esposa Lady Macbeth (Marcela Espíndola Galante) para explicarle lo sucedido. Ella sueña con que su esposo llegue a ser Rey de Escocia, estimulada por los dichos de las brujas barbudas, y le propone a su marido asesinar a Duncan, el actual Rey de Escocia, para quedarse definitivamente con el trono. A partir de este momento, esta trama escocesa dará lugar a una sucesión de asesinatos y traiciones. MKB es el espejo que refleja con sangre las miserias y las ambiciones humanas.

Macbeth asesina a Duncan y es coronado Rey de Escocia. Pero el título no es gratuito ni se paga con monedas. Macbeth paga sus actos con los peores dolores de la conciencia. Sufrirá una dura transición desde la humanidad hacia la locura más perversa, sintiéndose juzgado por divinidades oscuras. La conciencia de Macbeth será un coágulo de sangre cuyo destino es pudrirse, porque la maldad sólo puede cumplir con este designio.

Párrafo aparte para el laborioso grupo dirigido por Carlos Romagnoli, soberbio director, escenógrafo y puestista con amplia trayectoria, quien supo manejar tiempos y espacios de la obra con una fluidez destacada. Sabia decisión la de vertebrar MKB a través de las brujas barbudas, cuyas actuaciones destacan en una propuesta potente y ambiciosa que cumple con las expectativas de un espectador que espera encontrarse con un producto sólido y atrapante. Una vez terminada la función me puse mi campera amarilla porque hacía frío, y antes de salir le desee ¡Suerte! al elenco para el resto de las funciones.


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