Poesía | Juicio popular a Mitre, su progenie y su pasquín - Por Pablo Bilsky

Los policías de Rosario se sumaron a las huelgas proletarias de 1918 y 1919. Por una vez, se identificaron con la clase obrera. Fue la primera y última vez en la historia argentina. «No lo hacemos más», dijeron.

En 1921 los empleados municipales de Rosario tomaron el edificio de la Municipalidad y declararon constituido un soviet: «Desígnase como República Socialista Soviética de Rosario el espacio comprendido entre los arroyos Saladillo y Ludueña sobre el río Paraná, con cuatro leguas de fondo».

Los estudiantes les ayudaron a reemplazar la bandera argentina por una bandera roja. Luego pintaron el edificio de la Municipalidad ese color. Con el correr de los años, las distintas autoridades le fueron bajando el tono.

Bartolomé Mitre fue un macartista antes del macartismo. Ya en 1857 habló del «sucio trapo rojo». En 1921, el soviet rosarino decidió, por unanimidad, exhumar sus despojos para que sean juzgados por un tribunal popular.

Una larga marcha de obreras, estudiantes y campesinas fue a pie hasta el cementerio de La Recoleta para traer al reo, que fue condenado a muerte en la Plaza 25 de Mayo de Rosario el 5 de diciembre de 1921. La canción que entonaban las mujeres durante su marcha «Vamos por ti, Bartolo» es hoy, junto con el «Himno a Sarmiento» y «Alta en el cielo», una de las canciones patrias más cantadas por las niñas y los niños en las escuelas:

«Vamos por ti, Bartolo»:
Vamos por ti Bartolo,
gusano que conjugas con tus vermes
el verbo agusanar.
Vamos por ti, Bart,
vamos con picas, palas, picos, azadas,
espátulas, sacas y punzones.
Vamos a remover la costra
la cochambre
los últimos despojos
la pasta base de la muerte
el Paco del final.
Has dado su alimento a la última fauna.
Oh teta nutricia, generosa,
que ha dado de mamar
a la más agria
triste y desfavorecida fauna cadavérica
que en este mundo (y en el otro)
ha sido y padecido.
Fauna condenada a beber la cicuta
de tu cuerpo traidor.
Vamos por ti, Bartolo.
Vamos a raspar la costra chacinada
de tu sepulcro
de tu último caldo.
Vamos por ti Bartolo.
Vamos por toda tu progenie
y tus mentiras
y tus pasquines.
Vamos por ti.

«La infancia de los próceres», de Daniel Santoro

Relacionadas