Poesía | Nada muerto en mí - Por Natalia Carrizo | Collage: Agostina Bertolotti

¿Sabrás mercader de mi herida
lo que vale en tesituras un alma
que se mece
con la luna?

Irreversible, el hálito embiste su ilusión
delicadamente tallada en ese instante
entre el espacio
y el tiempo

¿De qué me culpas o me disculpas?
No hice nada por desearte
yo solo tengo un cuerpo
que está vivo

****

No cavo deseo en desgranarme
por sembrarme, entiérrame
entera en tí, o ya no guardes
nada. Una mano tendida es
todo lo que tengo, de mi piel
no arrancarás más
que ruidos elásticos y mímica
sobre dones salvados
de esos surcos inquietantes
en que ocurre la vida.

Tres puertas adentro están
los pasos que no temen
a la hierba.

****

¿Quién sabe si el mito tiene
sabor a cicuta o a destierro?
Indago las aristas de mi mente,
los vértices agujan puntas al afuera;
no puedo cargar tus venas en mi carne.
Las perforaciones del alma tamizan
para hornear el pastel, los colores.
¿Queda algo de cuerpo en la caricia vencida
con que tribulas suponiendo maldiciones
en la danza de mis párpados,
en el horizonte del iris inquieto
que me habita presente hacia el futuro?
Imputas a mis ojos un espejo.
Digo: me arrancas la mirada,
y mi pupila es un fondo siempre perdido
en la boca silenciosa de un aljibe anterior.
¿Queda piel en el hambre que tributas?
¿Qué totalidad supones en mis poros?
¿De qué plástico privas el sudor,
la entrega, la fuga salitre?
¿Qué da el temblor que acuna la devoción
tejiendo santos de los féretros,
petrificando mantos en los árboles?
Dibujo umbrales, es mi gracia
reafirmarme de los huesos,
velar en transparencia,
desgajarme y encogerme en jugos
hasta la semilla.
No niego nada,
me apuesto a contemplar,
a susurrar villancicos de verdades nativas,
verdades aortas,
al ritmo del rezumar de esta sangre
con la que ya no hago ofrenda
en privilegio de los vampiros.

*****

Lo oscuro devora luciérnagas,
ni un cadáver brillante osaré
guardar entre los juncos.

Cúpula aguarda su rito de espanto,
cava reposo, ¿a quién le importa?
Un sonido inunda, ablanda e ignora,
silvestre hace orilla en giros sin vueltas.

Se me antoja lo rojo, bailar,
hasta que no quede nada muerto aquí,
nada muerto en mí…

Hundo los pies en el pasto, sin otro dios.

*****

Calcinado el látigo, su remolino
desgarra formas en el vértigo
Primitiva y profética sucumbo
ante una luna de sombras
Arte sin tregua ni entrañas
un atisbo de lumbre agota
borbotones de hervor a la hondura
enredaderas peinando el abismo
en que toda ilusión se arroja
por palpar al viento
el despliegue de sus alas

Al fondo invisible morirá todo
lo que no abunde en nacer

Elementos | Por Agostina Bertolotti

[yuzo_related]