Viendo: Agustín Peanovich

La vejez acaecida

La vejez es, se hace y se piensa. La muerte que vendrá, que se alojará, que pasará como una visita triunfal, siempre victoriosa, que nunca cede ni da treguas. Puede ser demasiado temprano, o no. Los límites del devenir hacen lo imposible para posibilitarlo. Se piensa, y sucede.

El esperanto

Destino, luz o pradera vieja, algo se desvanece. Se alza y se yergue, hay esperanza. Camina el paso de los que ansían, y se desmorona esperando, desorbitado, ve y no son sus ojos, hay imágenes y no son materia. Teme y corre, como si escapara. Pero no huye de nada, sigue intentado alcanzar. Arrojarse, caer, verse rendido, por fin. Echado, encontrado. Algo eterno, una tentación de siempre, inevitable.

Al fin

Un hombre está atrapado. Convulsiona o se retuerce por pura mecánica. Puede que esté tirado, inmóvil, pero hay un vértigo que lo absorbe, lo hace lábil y después efímero. Todo transcurre en milésimas, cientos de tracciones se multiplican y se exploran, se buscan, como si supieran que cada una viene a suceder a la otra, como si quisieran impedir ser disueltas. El hombre, al fin, está en la imagen.

El narigón 4 (muerte al ex narigón)

No es un deseo de venganza, ni un arrebato de furia incontrolable; tampoco un exceso de pasión, una búsqueda de algo, una extracción reveladora o de salvación. No hay, en definitiva, un odio auténtico: simplemente, todo puede reducirse a un procedimiento de justicia, una condena escrita para caer sobre un nombre, una estirpe traicionada, una negación de la condición elemental que forjó un devenir. Toda una legión hoy repudia y se avergüenza del acto.

La obra del semidios

El sueño -u otra forma de representación de lo real- traza la arquitectura y revive los personajes; están, como siempre, en el universo. En él se encuentran y conversan, y ese nudo de palabras se extiende y articula, y así nace un nuevo tiempo y un nuevo lugar, perfectamente ubicuos, intensamente concretos. La temporalidad se vuelve líquido, y su manantial es el de la creación literaria que, a esta altura, no es otra cosa que el eco tardío de la primera creación de aquel hombre invocado.

Fisiologías de un sueño: la abolición de los espacios

El azar, sus derivaciones, los finos trazos que regulan los hechos, y la forma que ellos se presentan ante los sentidos del hombre, pueden sufrir las erosiones y cambios propios de cualquier sustancia física; no sería arrojado sugerir esto, como tampoco es dable sentenciar lo contrario: en eso se revela la imaginación como único consuelo.

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