Results for: Antonin Katari

Generación

Creció el fuego, ardió y el humo cubrió una ciudad y un país. El orden se resquebrajo y lo imposible se hizo materia viva. Momento de invención insurgente o tragedia cívica, crisis o estallido, apertura o final, rebelión o hambre y pobreza y dolor. Las lecturas de 2001 vuelven y cobran actualidad. Las generaciones se hacen en sus cortes. ¿Qué fue, para quién? ¿Qué fue de los que miraron inocentes, impotentes, espectadores, infantiles? ¿Qué de los que vinieron después?

de generaciones

―penetrarnos es eso― dijo una que era cantante ―dejarnos entrar mutuamente cada uno de los polvos fue como una consagración después, sin motivos, dejamos de vernos nos cruzamos unas cuantas veces y nos saludamos sonrientes y cómplices sabiendo que podíamos esperarnos a la distancia

Los comunes (voces de traslasierra)

Sonó un grito, una voz conjunta. El poder del imperio cayó. Todavía no se hablaba de independencias. Indios, campesinos y criollos se alzaron contra la atrocidad. Iglesia, milicia y cabildo tuvieron que ceder. Una fuerza colectiva, un impulso unificado, lo común. La historia intenta borrar, pero la memoria perdura.

Soldados del pueblo

Por Antonin Katari Soldado de la dignidad silbando bajito por la calle del empedrado el humo temblando en el viento el cielo llorando su canto soldado de la...

Ceremonial de camaleones (porno-bajón)

El deber de hacerse hombre es motivo de todas las búsquedas, el hallazgo del deseo, o su dominio, su sincera rendición; la larga serie de anécdotas y vibraciones van colmando a los nuevos hombres, van haciendo a las fieras depuradas figuras muy aptas para la caza y la usurpación, van volviendo a sus sexos una maquinaria a disposición, una brusca pantomima, un secreto de redención.

Latitud de Querá

Las tierras fueron invadidas por unos hombres elegantes, gentiles que llegaron con técnicas, ordenanzas y reglamentaciones, impusieron planificaciones e hicieron de cada cuerpo, un dígito, de cada brazo, una variable, de cada rostro, una ausencia; también establecieron un gobierno y subordinaron todo a su principio de propiedad; llamaron al suelo como suyo y con las alambradas marcaron límites.

La primera mordedura

Puede que se hayan visto las manos, los ojos grandes y brillosos, la boca empapada, sentir en el pecho una tensión, un vigor o unas cosquillas, presentir esas otras formas del hambre y el deseo, oír palpitar en su piel las pulsaciones del ambiente, los ritmos y las afinaciones que los rasgaban, los excitaban, eran como un aviso de la vida; es posible que eso haya estado antes de la mordedura, y del jugo y de las afecciones, sin fijaciones, sin estabilidad: solo impulso.

Toma de posesión

La democracia anegadiza y frágil se inundó de hipocresías y confabulaciones. Así se gestaron los negocios y tuvieron en la muerte una alianza natural. Despaciosamente crecieron las riquezas y se amontonaron las armas y se diagramó toda una industria de la muerte que azotó siempre al más desprotegido. Tenían una mercadería que negociar. No importa lo legal y lo consabido, no importa esa misma democracia que engendra sus trampas. En esa disputa se resuelve el destino, y es una laguna larga de sangre y miseria. A esas inquinas desentendidas, afortunadamente, algunos combaten.