Viendo: Javier Galarza

San Martín vuelve

La historia siempre tiene cajones con doble fondo. Nuestro cronista lo sabe y cuando fue a al teatro esperaba abrirlos, para combinar los vicios de cualquiera de las versiones. Entre el humor y el revisionismo, con una actualización imposible, el texto pone el ojo sobre el imaginario social y el lugar que los mártires ocupan.

Palo Pandolfo en Rosario

El invierno no se decide: se va pero se queda. La noche era apenas un reflejo de la semana, donde el calor amagaba más de lo que podía y el frío juraba atacar de madrugada. Nuestro cronista, sin embargo, buscó transpirar un poco y se mezcló entre vasos que levantaban cervezas mientras cantaban a coro. Fue por eso que escribió su texto después haber saltado lo suficiente, chocando con otros cuerpos, celebrando la reinvención de un artista que le ganó una apuesta al futuro.

Zambayonny en Rosario

Dicen los que lo vieron, que nuestro cronista acompañó el recital sentado y tranquilo. Tenía una sonrisa en los labios y un trapo en la mano que no pudo desplegar. Fue, comentan, a ver un show parido hace casi una década y se encontró con algo nuevo. Ahora, el que empuña la guitarra - que supo ser lo que mira la Monalisa- camina por otras metáforas, porque si bien las noches de fisura están a la vuelta de la esquina prefiere cantarles de vez en cuando, como a un amor que se fue.

Una que sepamos todos

Nuestro cronista miró por la ventana, sintió el frío de la ciudad e imaginó un viernes de cine entre casa. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Lejos del calor de las frazadas y los guiones de Woody Allen, enroscó la bufanda en su cuello - no sin antes taparse las orejas con un gorro de lana - y encaró hacia dónde un amigo lo esperaba con la guitarra sobre las piernas para colorear la noche. Bebieron para anestesiar el viento y cantaron hasta que no hubo más qué decir. Aplausos y hasta la próxima.

Gol de oro (a todo o nada)

Los momentos límite, aquellos que tajan la piel para dejar salir el magma que nos compone, irrumpen en la cotidianidad con la violencia justa para desencajarnos. No hay curvas para escapar. Las emociones surcan el aire en una explosión que no da tregua y convierte a los cuerpos en células alborotadas que exigen una línea de fuga, una salida de emergencia, pero a veces, ni las metáforas son soportan el tedio.

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