Viendo: Lucía González

Relato

Leer hasta agotarse. Agotarse en enésimas lecturas. Escribirse en lecturas infinitas, interminables, imperecederas, que se van sólo cuando viene otra cosa, un final, una degradación, la muerte, llegado el caso. Pero escribirse para poder leer, imantar un signo para poder despegarse. Leerse para escribirse, más luego, con otras letras. Leerse y escribirse, sucesivamente, entre predicciones y cosas que no pueden decirse. Ahí, en su medio.

In-habitable

En las imágenes está lo hostil y lo creador, la fuerza sintética que las lleva al contacto, a contagiarse unas a otras, a embeberse de las figuras, formas, tonalidades y texturas de la otras, y conformar nuevas, llenas de sudor, flujos y otros líquidos, que también se compactan y sugieren la solidez, la constancia y la credibilidad. Una y otra vez, el terror salta y sale de esos huecos donde se había escondido, o esperaba plácidamente el momento de ser convocado, como si fuera lo único que entiende algo de lo imprescindible.

Cómo es que hablan los que no tienen voz

La imaginación y el arte tomaron el mando esta vez. Empuñan sus armas y salen a disputar el territorio a contramano de los destinos ineludibles que firman para tantos un camino de exclusión y desamparo. Los cuerpos, que reniegan de la docilidad que las instituciones les vuelcan, renacen desde su rebeldía para desafiar al futuro y desnudar las miserias que corroen la piel. Los pibes están pillos y sacuden contra el verdugueo al que la cotidianidad los invita. Las categorías se renuevan, el suelo empezó a moverse... otra vez.

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