Viendo: Teober Lorrat

Eva y Maricel

Hacía tanto frío que hasta el diablo llevaba un poncho. Nuestro cronista apuró el paso, no sin antes mirar dos veces la dirección del lugar, porque desconfía de su memoria. Fue acompañado, según dice, y eso le sirvió para llegar a tiempo. Adentro, el calor marcaba el pulso, mientras dos mujeres entre cervezas y baile se mueven contando una historia que avanza en círculos. Hay gritos y también abrazos, en una obra que se arma como un collage en donde el público ubica las piezas.

Ida / Acherontia: material para la duda

Con una mariposa en su nombre, la obra - que es una danza - recibe al público en una oscuridad confusa, teñida de rojo y con música tibia. Dos mujeres, que cuentan historias a través de sus cuerpos, se comunican sólo mediante el tacto escapando a un desencuentro que nunca termina de concretarse. Nuestro cronista apostó por su memoria esta vez y no llevó cuaderno, por lo que todas las notas fueron mentales. Dice, sin embargo, que hay que ir a verla para enfrentar después, mano a mano, a los todos miedos que la ciudad sacude.

Rosario Design: Flavio Mammini y el arte detrás del disco

Estamos otra vez en la Escuela Provincial de Artes Visuales. Nuestro cronista desparramó algunas de las revistas que nos quedan sobre la mesita que le asignaron, encaró para la sala y se mezcló entre los presentes de la charla. Está en un mundo extraño, pero la música lo salvó. Los álbumes de rock en la pantalla le escribieron el texto. Sentado en el piso, libreta en mano –y rodeado de diseñadores– intentó aprender algo sobre la materia, pero sólo pudo hacer lo que más le gusta: recolectar anécdotas.

Ya estoy solo

Una mujer grita desde el encierro. Atenta contra el pasado que la abandonó allí. Se abalanza contra las tradiciones y asume el costo de haber decidido sobre la vida de los demás. Incomprendida y en soledad, aguarda la redención de los desconocidos para sobreponerse al infortunio y atravesar la historia.

Rosario Design: Rocambole contra la cultura

A contramano del tiempo, que avanza inexorablemente, el artífice de las imágenes que adornaron las disquerías durante más de dos décadas, detiene las agujas - casi sin arrebatos - para retroceder en la historia y desnudar algunos de los secretos que se esconden detrás de cada creación. Hay algo que está empezando a asustarnos, no sabemos de qué se trata y tampoco buscamos averiguarlo.

Teatro para armar

Un alarido quiebra la calma que domina la oscuridad e impone una nueva lectura de las cosas. Cuatro historias sueltas, cercanas pero intocables, descomponen la arquitectura donde se refugian los lugares comunes del lenguaje y levantan, desde la creatividad que el arte exige, relatos que sangran el peso de la tragedia. Sin embargo, una luz titila en el final de la sala y promete un escape directo, lejos de la desgracia.

Ojo al piojo

El cielo se abre y reluce, celoso, la fuerza omnisciente de la naturaleza, que obliga a los mortales a reinventar una noche perdida entre la amargura de una posible lluvia y el imperativo del viento sureño. Ellos, atrevidos, y a salvo bajo la pintura que los protege, invitan a molestar a la cotidianidad con interrogantes filosos atravesados por la danza y sostenidos por una batucada que obliga a mover el cuerpo.

La guarida del zorzal

En el preámbulo de la década infame, la miseria y los vicios esgrimieron sus párrafos en las páginas de la historia. Desde abajo y sin reparo, los menos...

Babilonia fue una fiesta

Crónicas Con la sencilla y necesaria razón de embellecer nuestro alrededor, los artistas caminan el tiempo desde otra lógica. Y allí, en las trincheras que se levantan para...

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