Viendo: Teober Lorrat

Eva y Maricel

Hacía tanto frío que hasta el diablo llevaba un poncho. Nuestro cronista apuró el paso, no sin antes mirar dos veces la dirección del lugar, porque desconfía de su memoria. Fue acompañado, según dice, y eso le sirvió para llegar a tiempo. Adentro, el calor marcaba el pulso, mientras dos mujeres entre cervezas y baile se mueven contando una historia que avanza en círculos. Hay gritos y también abrazos, en una obra que se arma como un collage en donde el público ubica las piezas.

Ida / Acherontia: material para la duda

Con una mariposa en su nombre, la obra - que es una danza - recibe al público en una oscuridad confusa, teñida de rojo y con música tibia. Dos mujeres, que cuentan historias a través de sus cuerpos, se comunican sólo mediante el tacto escapando a un desencuentro que nunca termina de concretarse. Nuestro cronista apostó por su memoria esta vez y no llevó cuaderno, por lo que todas las notas fueron mentales. Dice, sin embargo, que hay que ir a verla para enfrentar después, mano a mano, a los todos miedos que la ciudad sacude.

Ya estoy solo

Una mujer grita desde el encierro. Atenta contra el pasado que la abandonó allí. Se abalanza contra las tradiciones y asume el costo de haber decidido sobre la vida de los demás. Incomprendida y en soledad, aguarda la redención de los desconocidos para sobreponerse al infortunio y atravesar la historia.

Teatro para armar

Un alarido quiebra la calma que domina la oscuridad e impone una nueva lectura de las cosas. Cuatro historias sueltas, cercanas pero intocables, descomponen la arquitectura donde se refugian los lugares comunes del lenguaje y levantan, desde la creatividad que el arte exige, relatos que sangran el peso de la tragedia. Sin embargo, una luz titila en el final de la sala y promete un escape directo, lejos de la desgracia.

Ojo al piojo

El cielo se abre y reluce, celoso, la fuerza omnisciente de la naturaleza, que obliga a los mortales a reinventar una noche perdida entre la amargura de una posible lluvia y el imperativo del viento sureño. Ellos, atrevidos, y a salvo bajo la pintura que los protege, invitan a molestar a la cotidianidad con interrogantes filosos atravesados por la danza y sostenidos por una batucada que obliga a mover el cuerpo.

La guarida del zorzal

En el preámbulo de la década infame, la miseria y los vicios esgrimieron sus párrafos en las páginas de la historia. Desde abajo y sin reparo, los menos...

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