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151 palabras del primero de mayo

El amanecer del día es, también, el de la voz que grita y se desgarra; esa contemplación clara de las primeras horas es una en el tiempo, una en el paisaje y una en las vísceras soliviantadas. En definitiva, es siempre la misma. Ese destello fugaz y perpetuo, quizás, es el mismo que se condensa en las líneas del texto.

Eco

Por Brenda Galinac | Ilustración: Agostina De Mileto

Sin fábulas

Las cosas que nacen y las que mueren comparten un momento en el tiempo. En ese instante repentino y fugaz (huidizo, entonces) con su filo marca la conciencia, le da una forma, o simplemente dibuja su línea artificial entre los otros canales que van atravesando la masilla palpitante del cerebro o de aquel otro rincón de cuerpo, que también se eriza cuando se ejecuta el primero de los movimientos.

El rumor de tu ausencia

Los rasgos y la intensidad de los silencios, su alfabeto reticente, son un universo que se nos veda y al que intentamos montarlo en alguna noción según el estruendo y la profundidad de los sonidos que lo van delineando y mostrando sólo algunas de las capas de su silencio, tan hondo como la materia en la que se entierra o como la suerte de los cuerpos que sobre ella se abandonan.

Micro líneas II

Hay quien pensó la libertad como el supremo ejercicio de la conciencia; otro la ideó según las potencias de los cuerpos, o un cierto grado de estupor en las vísceras o una tensión espontánea e incitante de los músculos; también la creyeron registro de un designio precedente, de una mano maestra comprensiva. Un tercero, finalmente, pudo considerarla sólo como la soberanía de las expresiones que albergan las vidas, o en la suerte, por qué no, de un texto.

asilodijomelano, autor en El Corán y el Termotanque