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Grotesca. Suit criolla

Nuestra cronista se perdió en la telaraña de mundos posibles que teje el teatro. Revisó la oscuridad del pasado para compararla con la actual. Viajó hasta los principios del Siglo XX, al pobrerío tanguero, y volvió a donde estamos preguntándose qué puede y hasta cuánto aguanta un cuerpo. Después se detuvo en los detalles humanos que, a pesar de todo, le ponen color a la tragedia. Aplaudió y escribió lo que sigue, no sin antes gritar con los demás: ¿dónde está Santiago Maldonado?

Los camilleros

Dos amigos, unidos por la pelota y la historia, defienden con uñas, botines y piel al club de sus amores de los capitales insensibles que quieren góndolas y cajas registradoras en lugar de pasto y cal. Nuestra cronista que se descubrió en medio de la cancha y adentro del teatro al mismo tiempo, escribió lo que sigue. 

Calles rosarinas

El centro de mi ciudad no tiene nada de centro. Nace cuando muere el sol dominado por letreros. Mientras la gente trabaja toda la ciudad es centro.

«Al oeste de Jericó», de Marcelo Britos

El caos devino, se reconoce, se vuelve imagen viva, presente y actuante. La ciudad se volvió definitivamente un campo de batalla. Hay un Fuerte con refugiados, los últimos por resistir. Después, hay clanes asesinos y turbas linchadoras. El futuro se parece demasiado al pasado. Ni futuro ni pasado son tiempos definidos: hay una temporalidad revuelta. El presente es una amplificación.

La canción del camino viejo

El primer mundo está ahí, del otro lado de la carretera. Sólo hay que cruzar la ruta para sentir la fragancia del progreso. De este lado, en cambio, sobrevive lo artesanal en una empresa familiar que pelea contra su propio destino para no desaparecer. Nuestro cronista viajó al neoliberalismo de un par de décadas atrás, se enfrentó a un pasado que se actualiza y escribió lo que sigue.

Otro otro poema de los dones

Antes del cifrado, cuando hay convergencias, integraciones del paisaje, esos instantes. Las precisiones previas a cualquier detección. Otros nombres. Una escritura que se vuelve. Escribir y reescribir y otra vez, como posibilidad creativa.

Toma de posesión

La democracia anegadiza y frágil se inundó de hipocresías y confabulaciones. Así se gestaron los negocios y tuvieron en la muerte una alianza natural. Despaciosamente crecieron las riquezas y se amontonaron las armas y se diagramó toda una industria de la muerte que azotó siempre al más desprotegido. Tenían una mercadería que negociar. No importa lo legal y lo consabido, no importa esa misma democracia que engendra sus trampas. En esa disputa se resuelve el destino, y es una laguna larga de sangre y miseria. A esas inquinas desentendidas, afortunadamente, algunos combaten.

Barrios archivos - El Corán y el Termotanque