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Alicia Acquarone

«Si la derecha gana, es porque el progresismo se divide» Por Juan Campos | Especial para El Corán y el Termotanque La primera vez que la vi fue en algún...

Editorial Transcurrió un año del inicio de aquel mes de intensidad y activación que preludió al balotaje. La elección de Mauricio Macri por un escaso margen constituyó la...

Bernarda Alba votó a Macri

Las cosas cambian, los cambios son. Algo deja de ser, y es un cambio. Vuelve para atrás, avanza hacia otra cosa, nada mejor. También son cambios. Algunos prometen alegrías, y traen tristezas. Otros anuncian sinceramientos, y arrasan. Temen algunos, lloran otros; festejan, muy pocos. Los cambios sobrevienen, llegan y pegan. Duelen, casi siempre, en estos casos, como ninguno. Son cambios que hacen aprender nuevas palabras, olvidarse otras, morir una, dos, quinientas veces. Y seguir viviendo.

La razón procesista

La pregunta por el presente atrae la necesidad de volver al pasado, otra vez interrogar, buscar continuidades, ir hacia atrás, recorriendo las instancias, periodos, momentos, buscar similitudes, extensiones, y también rupturas, reformulaciones, nuevas maneras de actuar, mostrarse, concebir la realidad. La imagen del Proceso es inevitable ante lo que sucede, esa pregunta, también.

Aguijones

Creer que algo vuelve sería un error. Creer lo contrario, también. Creer que son los mismos sería un error. Creer que no, también. Creernos a salvo sería un error. Creernos mortalmente condenados, otro más. Creer que nadie o creer que todos, casi tanto como creer que solo algunos. Creer y descreer al mismo tiempo es el peor de los errores. Y andar buscando errores en la creencia, uno más bajo. Hay algo que se mueve, no es el error, creamos o no.

La canción de Sixto

Es tan encantador lo que pasa, nos dice, que aterra. Pero no tenemos que estar aterrados, todos tendremos lugar, hay que acomodarse, tomar el código, ponerse la cifra, adecuarse. No hay que tener miedo, el miedo somos. Para algo nos cuidan, nos miran, nos venden, nos tiran. Es tan encantador lo que pasa, nos dice, que casi no vale la pena leer poesía.

Zombis

La venganza del cadáver resentido se llama zombi. Algo detiene un cuerpo hacia la ruta final de la muerte en paz, ansiada como el impotente ansía el orgasmo. Ansiosos, ansiados, ancianos del andar. El cadáver posmoderno se llama zombi, piensa este autor, «plagiando a Perlongher». O actualizándolo, pensamos nosotros. ¿Qué pensará Perlongher? Nada, porque es un cadáver. A menos que…

Movimiento

El miedo se esparce, llena, colma y explota, estalla en cientos de partículas, da forma a los cuerpos, se junta en palabras, y las palabras, en frases, que vuelven a soltarse y volar, hasta estallar, nuevamente, aterradas, envenenadas con el espanto, reacias a pertenecerse, inútiles para escapar. Hablan de eficiencia para consolarse, citan éxitos y describen paraísos. Miran lejos, para no verse tan aterrados.

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