Etiqueta: Niños

Infinito punto rojo

Las distancias son maneras de pararse ante una misma dimensión. La variación de una de ellas, altera por completo las circunstancias. La distancia se extiende o retrae. Las dimensiones, a su vez, se subsumen. Se pierden, paralizan, dejan de ser. No hay deberes en las poses, son decisiones. Las apariencias demuelen las cercanías. No todo es tan próximo como los brazos sugieren. Nada es lejano, entonces.

Mónica

Siempre queda algo que no deja de irse, que está, permanece, pero en estado de escape, retirándose, derramándose, desde ese territorio inhóspito e inhabitable en el que se convierte la infancia, algo lejano, quizás, demasiado borroso, intenso, vívido, indecible. Algo siempre resta saber. Son imágenes que tienen sangre, tetas con pezones erguidos, manos suaves, inspiradoras. Algo siempre queda, insiste, está.

La Ricardo

Veníamos pateando tachos, pero todo tipo de tachos. A esa edad uno es tan anónimo y descarado como inimputable, por lo que decidimos mantener la clandestinidad todo lo que fuera posible. En cada vidrio que rompíamos negábamos nuestro apellido, y eso era lo que mejor nos salía: negar y romper.

Teatro confite

En el sur de la ciudad, en un mansión reconvertida, el teatro le gana la pulseada al frío y hace que cada fin de semana haya nuevos colores tajando el paisaje. Nuestra cronista fue a descubrir el mito de la casa devenida en centro cultural, caminó sus pasillos y trajo invitaciones para todos los que nos quedamos esperando sus comentarios.

Números

En qué la cosa se vuelve cosa, y después cifra. Las sumatorias, las restas, la división y las fracciones, el cálculo todo, parece pertenecer a otro orden, más alejado que lo cotidiano, más frío, también más exacto, por eso menos humano. De eso se deducen ajustes, arreglos, acomodamientos, sincericidios, descalificaciones. Número a la baja, montos en alza, deducciones, planificación regular. Unas vidas menos cotizadas, un montón de esas cosas que se escapan y no son.

Cuatro gotas locas

En la sonrisa inocente de un niño se esconden los secretos de un mundo atolondrado, que se lleva puesto todo aquello que tiene adelante. Son los pibes, envueltos en su rebeldía infantil, los que desafían a la realidad con sus manos embarradas y preguntas incómodas, para que la cotidianidad no se ahogue en su propia muerte. De ellos depende. No crezcan: es una trampa.

Calesita

Porque en el mundo que rodea tu mundo brillan las lamparitas infantiles buscando abrir las puertas del abismo para recorrer el vuelo de los pájaros ¿Por sobre qué estatuto se regirá la ley de tu alegría? ¿Cuál será el fondo de tu maquinaria de sueños, de tu girar como el sol en los trasfondos del parque?