Voy a irme por no ser nada
por ser un pez de plata rebasado
por ya no serlo, nunca lo fui
más que andrajo de curtiembre filamentosa
menos que techos platinos
o una abulia de nauseas pletóricas
un almacén de restos dilatados
o un senil hastío amaneciente
como ladridos ocres de sigilosa ribera;
me voy como en pelusas levitantes
fondeadoras alcántaras santabendecidas
como en el pasto abren las brisas
sosteniendo una noche
sin saber nada, sin ojivas ni panteones
o sin mostos aleteantes cayendo con rocío;
en relámpagos de una repulsión lacia
en ningún encomio prosaico
sin estentóreos relevos desoídos,
irme en livianas exculpaciones triviales innúmeras
irisado en zarpazos o sarpullidos, en fragatas perentorias
y que no quede nada, ¡nada!
ni un solo cobre que lo advierta.
El que abandona no tiene premio Antonio