El simple oficio de vivir - Por Kevin Cuadrado | Ilustra: Ulises Baine

Dolores aprendió el oficio después de levantar una piedra del suelo y darle un
valor.
Empezó por vestir soldados con la ropa de sus superiores. Cosía y destejía los
nombres
de los suéteres de escuela. Buscaba la ropa sobrante para los borrachos y
mendigos que
enfermaban en el bulevar. Daba gorros y guantes a niños indigentes. Vistió a la
raza por
largo tiempo. Hacía desfilar a familias lentamente sobre la acera, dar vuelta en
la calle,
agacharse y probar el nervio del zurcido y besar el callo de la mano con que
sujetaba la
aguja. Cubrió a prostitutas con vestidos de seda y tacones altos. Quitó el frío a
la ciudad
dormida y guardó el gesto tristísimo de la soledad. Y cuando un criminal se
acercaba, oía
decir: los hijos contumaces y rebeldes han de morir. Entonces, ella los vestía.


Dolores:
Si llegara a cortar mi vida
como una cebolla sobre la mesa de casa,
no sería para mezclarme con el agua
y probar unos labios a punto de secarse,
lo haría por amor al oficio.
Pocos son los que piensan en el oficio
del cuchillo
o de la cebolla,
en el oficio propio.
Si llegara a cortar mi vida
lo haría por el simple oficio de vivir.


lunes [22:00 p. m.]

el tranvía pasa, quedas lejos / encontramos en la distancia un difundo de
rosas, el recuerdo abre la herida de los sencillos excesos y la olvidada
mesura / el tranvía pasa / atrás quedan las horas en que sentado en una
banca de arcilla te esperaba, a pesar de que me encontrara la lluvia y
me despojara del cuerpo fundiéndome en el origen: el barro de dios / el
reloj se detuvo, la estación es una hoja en blanco, no sé qué papel
cumplo aquí, y el tranvía pasa

 

Ilustra: Ulises Baine