Lecturas | «Ésta no es mi historia», de Graciela Cariello - Hay una brisa que arranca al sujeto de las esquinas mundanas por donde camina y lo lleva, volando o a las rastras, hacia las líneas de un relato que reclama atención. Allí, encadenado a las palabras que otra mano acomodó, aparecen nuevas voces que esgrimen historias que levantan y destruyen, en un mismo soplo, a los posibles devenires que se anuncian detrás de cada recorrido que propone el texto. En ese embrollo apareció, por suerte para nosotros, una mirada atenta que anota mientras lee y nos regala, tras varios parpadeos, esta reseña.

Hay una brisa que arranca al sujeto de las esquinas mundanas por donde camina y lo lleva, volando o a las rastras, hacia las líneas de un relato que reclama atención. Allí, encadenado a las palabras que otra mano acomodó, aparecen nuevas voces que esgrimen historias que levantan y destruyen, en un mismo soplo, a los posibles devenires que se anuncian detrás de cada recorrido que propone el texto. En ese embrollo apareció, por suerte para nosotros, una mirada atenta que anota mientras lee y nos regala, tras varios parpadeos, esta reseña.

Por Regina Cellino | Especial para El Corán y el Termotanque

Fugas en una teoría del cuentotexto
Graciela Cariello. Ésta no es mi historia. Rosario: Río Ancho Ediciones, 2015.152 p.

De todos los géneros narrativos, el cuento es uno de los que ocupan en mi biblioteca un lugar de preferencia. El efecto que provocan los relatos contados casi como si fueran una epifanía o una visión, como así también los que amplían a través de la narración de un ––entre–– lugar «la realidad», me incitan a pensar en la relación íntima que mantiene el cuento con el mito, y que se vincula, creo, con las intuiciones de los escritores. Por esto, y por muchos argumentos más, brindo porque esta reseña me ha permitido volver al cuento y a los postulados que sobre él han versado destacados escritores. Una teoría del cuento debería, en definitiva, revelar no sólo las generalidades del cuento como forma textual, sino las particulares, las fugas, que cada autor pone en escena cuando, según Cortazar, «exorciza» sus monstruos, (lo narrado) en un libro.

Dice Ricardo Piglia, en «Tesis sobre el cuento», que la primera tesis a la que se somete un cuento clásico es la siguiente: debe contar dos historias. El arte del cuentista consiste en saber cifrar la segunda historia en los intersticios de la primera historia. «Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario. El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.» (1986:1). Ahora bien, en Ésta no es mi historia, de Graciela Cariello, el cuento clásico es transformado en lo que concierne a la primera aseveración de Piglia, puesto que las dos historias que cuenta aparecen ambas en la superficie textual. El lector no debe develar nada, todo está allí desde el comienzo de las narraciones. Así por ejemplo en «Extensión», el narrador nos advierte que «Las dos historias que voy a contar tienen diferentes orígenes. Una me fue referida por la protagonista, la otra no. Un hilo sutil, pienso, no obstante, las une, y por eso decido contarlas como si fueran episodios de un mismo relato.» (130). El hilo sutil que une las dos historias no pertenece a un ovillo escondido entre los pasillos de un laberinto, sino, por el contrario, es el que teje las palabras hasta formar la trama, cuyas costuras el lector puede penetrar a través de los movimientos visibles de la aguja.

La tensión, que el cuento clásico depositaba en la construcción de las dos historias cifradas una dentro de la otra con dos regímenes de causalidad propios, aparece en los cuentos de Ésta no es mi historia a través de la voz del narrador, ––que oscila, a lo largo del libro, entre una primera persona singular protagonista y una tercera que figura el relato del testigo––, y aquello que narra. Es como si los datos, las circunstancias, los motivos que originan las anécdotas se les escaparan al narrador a medida que avanza el relato, quien, sin embargo, a la vista de los lectores, parecía que al comienzo del párrafo poseía todo el control sobre los acontecimientos de la vida de los personajes. En «Fechas», hay un narrador que nos describe minuciosamente a los protagonistas del relato (dos mujeres, una  mayor ––nos dice ––  y  un hombre opuesto a ella) pero, sin embargo, no puede oír con precisión lo que hablan los personajes. La omnipresencia que se exhibe en las primeras frases del cuento es quebrada cuando el narrador se pregunta: «Pero ¿quién puede saber, observando desde afuera, lo que en realidad ocurre en el interior de las personas?» (39). De modo que, las historias vibran, como la figura del narrador, entre la certeza de lo ocurrido y la incertidumbre de lo que va a ocurrir y que nosotros, como lectores siempre invocados, acompañamos con la lectura el traspaso hacia lo incierto que se desencadena en los párrafos finales.

«Esta no es mi historia», de Graciela CarielloÉsta es no mi historia contiene una veintena de cuentos que se nos presentan, a veces, referenciales en el sentido de un verosímil realista, pero que, al mismo tiempo, lo desmiente al introducir un elemento de la esfera de lo fantástico. No obstante, el traslado de un ambiente al otro no se da en un más allá de la superficie del relato, sino que los lectores participamos de ese salto en el mismo momento que los protagonistas (con excepción de «Niños» en el cual el relato inocente del personaje es desviado sorpresivamente en la última frase). Los cuentos, que no pertenecen enteramente al género fantástico pero tampoco al realismo y sus formas, presentan a narradores y personajes que deambulan entre el registro de lo cotidiano más trivial (como ir al correo, oír una conversación, asistir a un casamiento, entre otros) que, de repente, a partir de la introducción de una coma, un verbo o una frase pasa –– y pasamos–– al registro de la alucinación, lo pesadillesco, lo neurótico o incluso la mera incertidumbre de lo sucedido.

La brevedad, creo, es la característica más importante del cuento, la verdaderamente esencial, porque ella es, en definitiva, la que determina, explica y procede de todas las demás: la situación narrativa única, es decir, la limitación en el relato a un solo hecho, el número restringido de personajes y situaciones, la concentración e intensidad, una sintaxis directa, etc. Este requisito es cumplido a la perfección en los veintitrés relatos de Ésta no es mi historia que se ajustan en su mayoría a tres o cuatro carillas (excepto «Libro» y «Viaje»).

La proliferación y variación de temáticas desplegados en los cuentos que Graciela Cariello exhibe en este libro me permitieron volver sobre el cuento, y sobre la reflexión sobre el quehacer del escritor, que emerge a partir de ese estado de trance llamado escritura y que, a veces, lo lleva a la compulsión desenfrenada de la narración, una compulsión que, creo fervientemente, tiene el carácter de la revelación.

Contacto

Autora: Graciela Cariello
Editorial: Río Ancho Ediciones

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