Por Marcos Mizzi | Ilustración: Celeste Ciafarone

Patéticas miserabilidades

Se acabó la Argentina del candombe y el descamisamiento.

Me resisto a que las cuestiones pueriles de la rutina
tomen en la vida real la importancia que tienen
en los poemas posmodernos.

La noche cae, entre la niebla, linda y fatal.
El río sería invisible si no fuera por esos barcos,
esas ballenas de luz que hacen fila esperando su ración.

Este paisaje no entiende de lo bucólico.

Un albañil pesca de espaldas a la ciudad.
En el agua flota y no se ve el cadáver del pibe que se ahorcó
con el humo de un porro paraguayo.
El diablo babea sobre la orilla, y escucho sus susurros,
su seductora indiferencia, las mentiras que visten al rey desnudo.

Existen palabras que varían el sentido y sentidos que desvarían.

Argentina tierra risueña, tierra grotesca.
Cuando vi a tus ojos fue demasiado tarde.

 

Efectividades conducentes

Lleno de vacío, en el útero del bar
escabio mis días, y siento que mis antepasados
casi que escabian al lado mío.

Nostalgia de nostalgias, ¿por qué sólo vos poblás las calles?
El mundo es transformación, la vida simplemente una opinión
y nada encuentro que sea de mi herencia.
La niebla está desierta
a no ser por los fantasmas, los que son libres
hasta cuando se equivocan.

¡Cicatrices de ilusiones que llevamos con orgullo!
¡Multitudes borrachas del ayer!
Pueden descansar en paz;
aura veo las antiguas vidrieras,
por ustedes aprendí que la belleza
es un muchacho con una piedra en la mano.

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