El pobre y el rico - Esto es vida Alguna vez el gran Sabina dijo: ¿Y el dinero?, el único Dios verdadero. Nuestro compañero dedica estas líneas a ese papel insoportablemente necesario, y asquerosamente insoportable que mueve al mundo; pasen a ver. Por David Rodríguez “Poderoso caballero es Don Dinero.” ¿No dice eso el refrán popular? No se les escapa una […]

Esto es vida

Alguna vez el gran Sabina dijo: ¿Y el dinero?, el único Dios verdadero. Nuestro compañero dedica estas líneas a ese papel insoportablemente necesario, y asquerosamente insoportable que mueve al mundo; pasen a ver.

Por David Rodríguez

“Poderoso caballero es Don Dinero.” ¿No dice eso el refrán popular? No se les escapa una a los españoles, ¿verdad? Es sorprendente que, con unos papeles que pesan apenas 100 gramos, puedas comprar un coche, un ordenador, y cosas de un alto valor. ¡El dinero mueve el mundo, chaval!

Eso de usar dinero u otro medio para adquirir cosas se remonta mucho tiempo atrás, tiempos en los que la sal era muy valiosa. La sal sirve para mantener los alimentos frescos y comestibles. Hace dos mil años, que no había frigorífico, era un bien preciado. Entonces, por decirlo así, las primeras monedas tuvieron su origen en la sal. De ahí que todavía hoy llamemos salario al sueldo que recibimos.

Pero, ¿y si no recibimos sueldo? ¿Y si vivimos en la pobreza extrema? Ahí uno se las apaña como puede. Los africanos recorren centenares de kilómetros con tal de llevar a su casa un poco de agua. Sin embargo, en mi caso, yo sólo tengo que abrir un grifo por el que, mágicamente, también sale agua.

¿Por qué ellos no tienen las mismas posibilidades que nosotros? Porque seguro que alguien que ha habido de por medio se ha aprovechado de su situación. Sí, aunque por naturaleza ya vivan mal, con ayuda y esfuerzo podrían tener una vida digna. Pero, ¡no! Si hablas con un gran multimillonario, aprenderás varias cosas: que su principal mano de obra, las personas de color, trabajan 16 horas, casi esclavizados; y de esto se extrae que, mientras, otros, se rascan la barriga, y trabajan menos de la mitad. Y luego te dice que está creando puestos de trabajo, que está haciendo algo bueno. Sí, claro, considérate bueno por esclavizar… te tendría que dar la vida un palo.

En este mundo hay dos formas de ser, entre las tantas que hay. A veces hay un término medio, pero normalmente se habla de ricos y pobres. Si eres rico materialmente, tendrás una gran casa y mucho dinero en las arcas. Si eres pobre, en cambio, vivir cada día será un desafío.

También hay dos criterios más que separan a ricos y pobres: si quieres ser rico, tienes que aplastar a los pobres; para ser pobre, serás aplastado por los ricos. Y no tiene otra. Es más, muchas veces, dejando a un lado esta clave dicotómica, nuestro jefes (si los tenemos, porque está la cosa…) pueden explotarnos. Horas extras, sueldo mínimo, trabajo peligroso… pero el se hace rico y nosotros no nos llevamos un chavo.

El hombre más rico del mundo se llama Carlos Slim. Este hombre tiene en su poder unos 74 mil millones de dólares (no de las antiguas pesetas, no señor). Pero, sin embargo, se le conoce por un amable caballero que se interesa por los demás; esta opinión es fruto de su ayuda hacia organizaciones benéficas. Esto es digno de encomio. A este señor le sale el dinero por las orejas. Pero, ¿qué hace él? Lo usa en beneficio de otros. Chapeau.

Eso es lo peor de todo. Que los ricos comen de la mano de los pobres. Sin su trabajo, serían ellos los que pedirían en las calles. Pero nosotros, los del pueblo llano, somos tontos. Entre todos, somos 5.000 millones de seres en la tierra. Y ellos son 2.000 millones, como mucho. ¡Podemos contra ellos! Esto me hace recordar una fábula en la que las cigarras, que tenían sometidas a las hormigas, se preguntaban: “¿Iremos esta primavera a por el trabajo de las hormigas? Aquí la comida sobra.” Ante aquello, el jefe respondía: “La proporción de las hormigas a nosotras es de 100 a 1. Si se dan cuenta, estamos perdidas. Tenemos que gobernarlas con mano de hierro, para reafirmar nuestro poder.”

Esa ilustración indica claramente con está la sociedad actual. Aunque se intenta evitar el racismo y esas formas de discriminación, no se consigue. Incluso se puede decir que aumenta. Somos nosotros los que tenemos que cambiar la historia. Ellos no lo van a hacer. Y no creo que luego les remuerda la conciencia.

La verdad es que, parándome a pensar, no sé si esas personas tienen conciencia. Yo no podría vivir a costa de otros. ¿Y tú? Si estás más o menos cuerdo, pensarás algo parecido. El caso es no dejar que excedan sus límites. Ya han acabado con algo nuestro muy valioso: los recursos. Pero todavía nos queda algo mejor: nosotros.

Dicen que el pez grande se come al chico. Pero no siempre es así. Sí, si queremos que la situación dé un vuelco, somos nosotros los que tenemos que coger la sartén por el mango, agarrar el toro por los cuernos.

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