Poesía | Travesti - Por Florencia Mayra Gargiulo

Un cuerpo contenido en una imagen, una figura sombría en la noche de los árboles, se recrea permanentemente en su afirmación, que es la de la existencia en lo marginal. A él lo visitan. Sus huéspedes llegan, gozan y se van. Su nombre nunca se conocerá. Su vida es esa única figura tibia y difusa. Ella es la noche. 


Te vistes, desvistes, avestruz de luces punzantes
y agria es la aceptación de tu derivado
eres la mala ecuación del mundo desconcentrado,
que te conoce y prefiere ignorarte
para luego acusarte, de perversión y enfermedad
y… acaso, en este mundo de sombras enmascaradas
¿Nosotros, no nos travestimos?

¡Ja!

Y ay pucha que es fácil mirar con bata, café y faso
ese carnicero, chorizo regalado
que el dólar aumentó, la papa esta cara, huelgas,
y Ernesto mató a 3 hombres.
Todas las noches te desnudan con los faroles
agazapados te miran, babeados por la publicidad,
de tus pechos, no madre, leche no dan.

Cuan filosa es tu lengua y cuan firmes tus piernas,
caballo salvaje, para soportar tanta podrida huerta.
Que la noche es fría, y esos tacones rojos,
OH, guerrera mía, hacen eco en tu soledad marchita
que tiene sueños como yo, que fue un bebe como vos
¿Quiénes somos nosotros para juzgar?
Y bueno, si ese tatuaje en tu pecho hablara, mujer.

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