Lecturas | Atributos de los antihéroes en Bioy - Por Ignacio Bosero

El hilo que se desenrolla a lo largo de unos años, y en una gesta literaria, un conjunto de textos más o menos dispuestos, pero comprimidos, encallados en una época y una historia particular y, por lo tanto, múltiples y palpitantes, siempre vivos. En ellos se zambullen las lecturas, ésta misma, llegado el caso.  


Un mundo estable

Por lo menos dos novelas de Bioy Casares, Diario de la guerra del cerdo, El sueño de los héroes, tienen los mismos atributos, aunque sean diferentes sus historias.   Tanto en una como en la otra los personajes son personas comunes, antihéroes. No se proponen cambiar el mundo, hacer justicia o enfrentar una injusticia. No se proponen cambiar el mundo donde están porque es un mundo tan constituido que al mismo tiempo los constituye. Es el mundo social que los constituyó.   La vida transcurre en un mundo estable, y establecido. El grupo de amigos es un grupo de pertenencia muy arraigado. Y este grupo de amigos representa un lazo especial para el personaje central en las novelas. Participa, colectivamente, de todas sus decisiones. Hay diálogos de consulta a los amigos, pero también omisiones, que determinan la vida y el futuro del personaje (sea Gauna o Vidal). Todos participan. Y el que no participa, lo hace por ausencia. No hay sólo bondad en la amistad con los amigos. Hay opiniones de todo tipo sobre la vida común: morales, sobre la juventud, el amor, las mujeres, el país, etc.   No habría, según entiendo, personaje central sin sus amigos, y no lo habría porque lo constituyen. Es decir que son su propia identidad. En ese sentido, la libertad es una libertad compartida. Y, por supuesto, no exenta de contradicciones y desacuerdos, broncas, estupideces. Pero lo importante es que este grupo de amigos le pertenece y presiona sobre lo que debe hacer para seguir. También, porque el grupo es atacado o ataca. Propone y recibe del mundo que lo rodea. Sí hay momentos de solipsismo y soledad en los personajes centrales, que en estos casos son masculinos. Momentos donde caminar es el único rumbo para los pensamientos que los persiguen. Momentos de entendimiento y de afecto y de amor. De fortaleza y debilidad. Pero sería vacío considerarlos sin la fuerte resistencia que le provoca su grupo de amigos y el amor de una mujer que quiere abrirle otra puerta a su limitada vida en ese círculo, o grupo.

Ilustración: Ricardo Heredia



Un mundo inestable

Del mismo modo que hay un mundo de amigos y valores culturales estables, vemos, al mismo tiempo, como surge otro mundo a la par: un mundo inestable. Donde esta estabilidad empieza a moverse y se vuelve su contrario inestable. ¿Cuáles son las cosas que lo desestabilizan? Aquí podemos tomar el amor, la pasión y la nostalgia de El sueño de los héroes, y el amor, la vejez y la revolución en Diario de la guerra del cerdo. En ambas novelas el amor es central, aunque todavía no sabemos bien qué significa esta aparición. En especial en esta última novela, que es posterior, la vejez es lo contrario del amor, ya que esta significa el mundo consumado y no la revolución, la guerra, el cambio. El mundo estable es empujado por la acción: la juventud, el amor, la pasión y la guerra. Golpea su puerta para desequilibrarlo. Entonces el estatismo familiar de los personajes es provocado, incluso aterrorizado y matado. Porque el combate es violento, sin posibilidad de convivencia. Uno tiene que morir para que el otro pueda vivir. En esta acción radical los viejos deben defenderse. Deben actuar para sobrevivir. Buscar refugio, cuidarse, protegerse entre ellos, entre los amigos. No más que eso. Y entre medio el amor, del cual hablaremos. Porque la guerra es una injusticia, un arrebato a la estabilidad del mundo viejo, de los viejos. Por eso se lucha más que nada para entender y para volver al estado inicial. No necesariamente es lo más importante, en Diario de la guerra…, la guerra, porque, como decíamos, entre medio está el amor.

El amor de mujer

Es trascendente el amor de las mujeres en las dos novelas. Es el tema. Aunque aquí prefiramos enfocarnos en Diario de la guerra del cerdo. El amor de Nélida es un amor joven, ya que ella está descrita como una mujer joven. Esta joven empuja porque sabe lo que quiere, y actúa en consecuencia, entregándole proposiciones firmes y amorosas, como irse a vivir con ella. No es casualidad que este despertar al amor de Nélida tenga lugar en el mismo momento en que su vejez es atacada. La muerte puede sobrevenirle en cualquier momento. No se trata de la vejez, sino de la guerra contra la vejez. Es una amenaza más bien inconsciente del personaje. Entonces, el amor le permite sobrevivir, tener una esperanza de un futuro mejor. ¿Dónde estaría mejor? Su vida con su grupo de pertenencia pertenece al mundo estable, previsible, el mundo en general, quiere matarlo. ¿Cómo no aprovechar el momento? ¿Y qué más momentos tiene, si es un viejo? Y, además, tiene la suerte de que una mujer joven lo quiera. Y que él la quiera. En resumen: es todo lo que quiere. Y lo tiene a su alcance. Así y todo, Vidal es un indeciso y demora esta decisión en torno al amor. No habría de ningún modo que pelear por este amor, sino entregarse. Ni siquiera habría que pelear por la guerra, sino más bien protegerse y salvarse. Claro que entregarse a los brazos de Nélida parece ser también una comodidad frente al grupo de pertenencia que está en peligro. Pero no hay tal peligro, ya que Nélida colabora con él y sus amigos, y él, abiertamente, tiene conflictos con sus amigos viejos. Los ve viejos. Los ve inútiles para el amor. Cansados. Sus mismos amigos entienden que debe aprovechar ese amor.   La inminencia de la guerra, que desestabiliza su propio mundo y el de sus amigos, le da un valor a su existencia establecida, y le da una oportunidad hacia lo nuevo, que es el amor de Nélida. ¿Qué esperar? Y sin embargo, hay espera, indecisión y fuga de ese otro mundo que podría establecerse, que es la casa, Nélida, el amor en total. Pero la lucha de Vidal, si es que hay lucha, está en el tiempo. El tiempo que le queda para ser feliz con una mujer. Entre ella y él está su mundo de siempre, al que pertenece. El que, llegado su momento, lo expulsará, sea con la muerte provocada por los jóvenes o la de la vejez. Aunque hay otra muerte: la del tiempo siempre igual a sí mismo.

La inseguridad, tan resistente

Vidal es un poco terco y opone resistencias a lo que quiere, que es el amor de Nélida. Sabe que del mundo establecido no puede esperar más de lo que tiene, de lo que consiguió y también perdió. Sus amigos. Del nuevo mundo que lo espera con Nélida, sabe que lo espera algo que sueña tener: el amor. Con estos dos mundos está en tensión. Está harto en parte de lo que conoce y se resiste a lo que todavía no conoce. No puede entregarse del todo. Sólo lo hace de manera recortada. Y después huye. Pero tiene claro que la quiere. Por eso hay un momento en la novela en que sale a buscarla decidido y esto queda claro. “La chica lo había tratado siempre generosamente, pero tal vez porque estaba un poco desesperado temía que el amor fuera un sentimiento esencialmente inseguro, que podía volverse en contra de individuos imbéciles como él, incapaces de dominar los nervios, de quedarse en casa y esperar, como estaba convenido…”. Y en la charla siguiente que tiene con Tuna, con sinceridad lo confiesa: “¿Y si uno la busca porque la quiere?”. Él vuelve y ella lo espera, después de haber dejado a su novio por Vidal. Pero el personaje de Vidal se siente inseguro con sus sentimientos frente al amor, quizá porque la quiere demasiado, porque todo es tan feliz…No lo sabemos. Pero podemos preguntarnos: ¿Qué no quiere matar Vidal? No quiere matar lo viejo ni quiere matar lo nuevo. Es un inseguro, una especie de terco, que tiene por eso mismo resistencias que lo tironean y no lo dejan “quedarse en casa” y disfrutar de su amor.   Esta indecisión, que también es una decisión en alguna medida, ya que algo decide, actúa para que Vidal no se la juegue por lo nuevo, quizá porque también teme que se haga viejo. Entonces se conserva, pero no sabemos del todo para qué, o para quién.