Poesía | La primera mordedura - Por Antonin Katari

Salían de la tierra
–algún dios los puso
con un sombrero morado frutal
mordieron y estalló una luz –u otra fascinación
–y se vieron cuerpos en espirales
cuerpos que nunca antes vieron
y nunca antes hubo:
echados bajo un árbol, descansaron
y creyeron ver una serpiente
descolgándose de las ramas –siseaba una melodía
que los adormecía y los animaba
no pudieron no sonreír, y tocarse
friccionados al tacto que los envolvía –unas manos y la piel
una armadura tenue que los hacía estremecer
y no pudieron no sonreír, y temblar
vieron el cielo claro como nunca
abrirse y bajar una voz como silbido:
–primero fue un trueno de aguiluchos
un ensordecedor trino que desconocían
–después un murmullo repleto de celosía
y sospecharon un universo entero detrás del paisaje
–y agua dulce bajo la piel
sintieron sed y hambre y que estaba por amanecer
y no pudieron no sonreír, y morder otra vez
y arrastrarse desinhibidos ellos y el verde
y beber gotas de rocío en las hojas
y creerse vivos y sonreír otra vez
e imaginarse ellos y todo un mundo
todo el sabor de la potencia
pudieron ver jeroglíficos en las cortezas
–descifrar la semejanza nunca antes advertida
– notar la grafía en el pecho del pájaro
–y así cómo la cáscara dura curaría las huellas
deslizándose por los dedos, el zumo lechoso
que brotaba y lamerlo aliviaba la espera;
comprendieron al fin una misteriosa similitud
–y que las cosas son aquello que la indica y lo que se esparce
y no pudieron no sonreír, y amarse
–finalmente, calmos.