Crónicas | Carne de juguete: teatro - La guerra es una puta, una dulce y tierna puta que nos endulza la sangre mientras nos lame el oído con su lengua caliente para erizarnos las células. Mientras el éxtasis nos revoluciona el cuerpo, silenciamos el grito de los sometidos que claman piedad. Puta hermosa y atrevida, que nos hace el amor (o el […]

La guerra es una puta, una dulce y tierna puta que nos endulza la sangre mientras nos lame el oído con su lengua caliente para erizarnos las células. Mientras el éxtasis nos revoluciona el cuerpo, silenciamos el grito de los sometidos que claman piedad. Puta hermosa y atrevida, que nos hace el amor (o el odio). Penetramos y nos penetra; y se escapa dejándonos con una deuda impagable que aprisiona nuestras almas en lo oscuro del pasado.

 
Por Flor Gonella – Especial para El Corán y el Termotanque

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Salimos y ninguno de los dos hizo un comentario. Subimos por las escaleras y vimos uno de esos marcos de cartón para poner la cara y sacarse una foto. «Si querés te saco una con el vestido de novia». Eso fue todo lo que nos dijimos hasta la puerta del teatro.

Carne de juguete. Sí, me sentí carne de juguete. Desafiante, la obra de Gustavo Guirardo reta a quien la vea a no cagarse encima, o a no morirse de la angustia. Una historia que te toca a vos y a mí, y al que estaba al lado, a mi derecha y a mi izquierda, arriba y abajo. A una generación entera. A un país entero.

Un muerto en la guerra de Malvinas vuelve y se les presenta a su novia y a su padre. Su mamá, también muerta, vuelve con él. Todo lo que sucede en ese galpón lleno de objetos que nunca llegaron a mandarse a la isla es tan real que roza la locura. El guión, calculado milimétricamente, ataca con remates de comedia (o ironía) en el momento exacto. Un segundo antes de que te explote el alma. Son bocanadas de aire, para reacomodarse y volver al mundo de Juan Carlos y Sandrita.

Él, un soldado de veintipico en Malvinas. Ella, una futura maestra de veintipico en Rosario. Juan vuelve treinta y tres años después y revela, con todo su cuerpo, con toda su carne, una muerte alejada del tiempo, del espacio y de la justicia. La madre, muerta de cáncer años después, vuelve con él y desparrama a cada minuto toda la obscenidad de una madre. Desnuda. Con las tetas al aire. El padre de Juan acomoda los objetos del fondo del galpón. Lo mata la culpa. Abre un paquete de galletitas Express vencido. Sandrita dice que un día se va a intoxicar.

«¡Métanse la vida en el centro del orto!»

¿Cuántos fueron? Miraba toda la escena frente a mí. Cajas por todos lados, zapatos, juguetes y muchas frazadas tiradas en el piso. La tierra volaba cada vez que movían algo. ¿Cuántos fueron? No podía dejar de pensar. ¿Qué sucede cuando una guerra no es una leyenda? Cuando la historia que te cuentan es tan cruda que no dudás, ni un instante, de que lo que estás viendo no es una obra de teatro.

Federico De Battista mueve toda su cara, cada centímetro de su cuerpo. Es un muerto de duelo. Grita, llora, recuerda sus días en la isla sin el más mínimo reparo, le pide a Sandrita que le toque la verga. «La carne tibia», recuerda la madre, que no se decide si prefiere ser comida por peces o gusanos. Afortunadamente para ella, la historia revela otro final.

«¡Argentina!», La madre grita y hace sonar una vuvuzela. Sandrita se puso el vestido de novia con el que le prometió que se iban a casar, mientras canta «Let it be» a capella. Le alcanzan sus juguetes. Juan, sentado en el piso, observa su camión y su Topo Gigio, muerto y enterrado también.

Los aplausos colmaron la sala. En el pecho tenés eso que no sabes si es orgullo, ganas de llorar o qué mierda. La gente se puso de pie. Ellos cuatro lo hicieron todo. Era 9 de Julio y yo recordaba que la libertad nos salió siempre muy cara.

 

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Carne de juguete

Ficha técnica

Actúan: Claudia Schujman, Roberto Stabile, Federico De Battista y Yanina Mennelli
Dramaturgia y Dirección: Gustavo Guirado