Crónicas | Muestra «Túnel» - Las estructuras impuestas por el contrato social, a las que somos lanzados desde que llegamos al mundo, generan en algunos cuerpos –entre otras reacciones– el impulso propio de la resistencia. Un refugio sagrado que se rebela contra lo establecido y apuesta a resignificar, desde otra visión, los tejidos que sostienen al tiempo. Traza un camino […]

Las estructuras impuestas por el contrato social, a las que somos lanzados desde que llegamos al mundo, generan en algunos cuerpos –entre otras reacciones– el impulso propio de la resistencia. Un refugio sagrado que se rebela contra lo establecido y apuesta a resignificar, desde otra visión, los tejidos que sostienen al tiempo. Traza un camino subterráneo iluminado con el fuego que sobrevive en el recuerdo de los ideales que otros jóvenes entusiastas encendieron buscando herederos.

Por Ernesto David Sánchez – Especial para El Corán y el Termotanque

Palabra clave: periferia

El-Bosco-el-pintor-de-los-misterios

Bienvenido a Rosario. Para hacer este viaje, usted necesita una bicicleta. Si viene desde el norte, cruce el Scalabrini y gire a la izquierda antes de la rotonda. Ignore los edificios de lujo de las Torres Dolfin, para que no le arruinen el paisaje. Suba por Francia y pase las vías; doble en contramano por el Dixon y dele derecho hasta Callao. Ahora se encuentra en Let’s Dance. Estamos parados en el corazón de Pichincha.

Si usted es extranjero, el barrio Pichincha debe sonarle familiar gracias a su famosa historia putanera, cuando era la zona roja de la Chicago argentina y los cabarets eran el faro que atraía tanto a marineros, milicos y mafiosos, como a personalidades como Gardel u Olmedo.

Pero ignore estas referencias, mi querido visitante, y mire la ciudad por su cuenta; que si usted hace bien las cosas, y se mueve en bicicleta, va a poder apreciar otros detalles. El chorreado del aerosol de las leyendas de los murales, el olor a flores, el golpeteo lejano de cajones peruanos y guitarras. Por debajo de los espejitos de colores del progreso, florece otra movida. Una movida bohemia y descoordinada, integrada por veinteañeros que arman guitarreadas en casas compartidas, escuchan jazz en el Olimpo y bailan ritmos afroamericanos en Distrito Siete. Se la presento: ésta es una nueva generación.

Es la generación de los hijos putativos de los viejos bohemios y rockeros que patearon las veredas de barrio Refinería, Industrial y Empalme Graneros, escapando del plástico y la gomina de la ciudad. Son herederos de esos flacos de pantalones de jean y pelo largo que se juntaban refugiados en la oscuridad de los parques para escuchar el último cassette de Judas Priest en reproductores a pila, esperando que ningún milico del proceso les diese captura y los hiciese pasar la noche en el calabozo.

Es ahí que cobra sentido esta nueva generación, incluso sin saberlo. Porque los tiempos cambian, pero Rosario es una criatura melancólica que va reciclando su historia. Y acá tenemos a los nuevos especímenes, anti patriarcales y ecologistas, que se identifican más con un timbal que con un redoblante. Una tribu heterogénea, tan amplia que no terminan de conocerse entre sí, pero que coinciden en algo: son personas que vienen a caminar por la periferia.

Reutilización y muestra

En esta ocasión, estamos en Let’s Dance. Este bar es sede de la primera experiencia del proyecto «Túnel», una idea de tres artistas locales: Calfu, Lean y Matías. La muestra apunta a usar el arte como crítica social a partir de reciclar basura y transformarla en obras conceptuales. En este caso, la idea quedó más inclinada hacia unambientar el bar, que a armar una galería de arte.Por ser la primera exposición, no hay demasiadas obras. Diseminados por el lugar, se pueden apreciar dibujos, poesías y objetos restaurados, mientras que en los extremos del bar hay algunos paneles tejidos con radiografías viejas, que buscan simular las paredes de un laberinto que contiene el resto de la muestra. La mayoría de las obras que hay consisten en pajareras restauradas y decoradas con muñecos y fotografías instantáneas de Calfu. La idea, según explican los autores, es reflejar el aislamiento psicológico que padecemos a veces en las grandes ciudades. Un aislamiento que nosotros mismos construimos en los laberintos de la cabeza.Dentro de la muestra, la crítica fundamental está dirigida al derroche. «Las personas consumen y tiran. Nunca se preguntan a dónde va a parar esa basura. Pero yo vivo en Gálvez, y lo veo todos los días: la basura va a la periferia. Se acumula como focos infecciosos en barrios carenciados como Las Flores o Nuevo Alberdi», explica Leandro, el responsable de las ilustraciones y de varias mini esculturas del lugar. «El ser humano es muy derrochón. Yo en mi casa reutilizo todo. Pasa que esta actitud de vida implica esfuerzo, además de consideración con los demás. Y a veces la ciudad es muy ortiva».La iluminación forma parte importante del concepto artístico. Uno de los momentos en que mejor se aprecia este esfuerzo es con un jaulón escondido en un pasillo oscuro, iluminado dramáticamente por un halo de luz artificial que lo deja flotando en el aire. Un armado que podría recordar la luz de los reflectores penitenciarios recorriendo el piso de la cárcel en una película de fuga de presos.«La idea es ir aumentando progresivamente la cantidad de obras», dice Calfu, mientras salimos a la puerta a fumar un pucho. «Esto es lo que pudimos juntar hasta el momento, a partir de cinco meses de trabajo».Y con esta frase y alguna que otra pinta de cerveza, nos despedimos. Ya habrá más muestras del Túnel para recorrer, pero por el momento llegó la hora de sacarle la cadena a la bicicleta y retomar el viaje. Y tal vez usted, mi querido visitante, pase nuevamente por las Torres Dolfin cuando se vaya. Y tal vez ahora note los ranchos de Refinería al lado, contrastando con el lujo de las infraestructuras de Puerto Norte que la rodean. No se sorprenda. Eso se debe a que Rosario es una criatura viva, como nosotros. Y al igual que en nuestro interior, dentro de ella conviven la periferia y el aislamiento.

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Túnel – intervención artística