Crónicas | ArTour - Un colectivo multiforme, alimentado de tonadas y excitación, teje los circuitos de una noche diferente que, devenida en colores y ritmos, siembra y propone una nueva forma de atravesar la luz de la luna. El invierno juega sus cartas para atentar contra los verbos que mueven a los sujetos implicados, pero se apaga sin fuerza ante la explosión de la música que comanda, fiel a su estirpe, cada uno de los pasos.

Un colectivo multiforme, alimentado de tonadas y excitación, teje los circuitos de una noche diferente que, devenida en colores y ritmos, siembra y propone una nueva forma de atravesar la luz de la luna. El invierno juega sus cartas para atentar contra los verbos que mueven a los sujetos implicados, pero se apaga sin fuerza ante la explosión de la música que comanda, fiel a su estirpe, cada uno de los pasos. 

Por Ernesto David Sánchez | Especial para El Corán y el Termotanque

Encuentro

fiesta

Se va formando una isla de veinteañeros sobre la ochava de Mendoza y Sarmiento, mientras los diferentes acentos se van entremezclando con las bocinas de los autos. Agustina y Lautaro, los coordinadores del tour, hacen ademanes para atraer a los que faltan.

La cartelera de la Lavardén tiene las fotos de los integrantes de Aguas Tónicas y Acorazado Potemkin en la puerta. Aunque el espectáculo es gratuito, casi no hay público; parece que las bandas no son muy conocidas. Pero eso no le importa demasiado al grupo, ya que el ArTour está destinado a extranjeros que quieran conocer nuevas personas, practicar el idioma y de paso recorrer eventos y pubs locales. Son veinticuatro anotados para el recorrido, la gran mayoría, franceses recién llegados al país.

Nos presentamos y charlamos un poco; los franceses hablan el idioma mejor que nosotros. Empiezan las rondas de frañol y espanglish entre risas. A veces algunas palabras o verbos resultan más difíciles, pero se termina entendiendo la idea. También hay un chico y una chica italianos que manejan un español fluido.

La chica italiana se llama Clara y es alumna de español de Agustina. No sé bien cuanto tiempo hace que está acá. El italiano es Carlo, un flaco que se recibió de arquitecto y vino hace seis meses a trabajar en un estudio en Rosario. Por su parte, los franceses son todos estudiantes de Ciencia Política en la Siberia, y llegaron hace apenas tres días al país. El resto del grupo lo conformamos seis rosarinos y un flaco chaqueño, que ya vive en la ciudad desde hace once años y por lo tanto es un rosarino más. «En Francia hay que aprender dos idiomas. inglés es obligatorio, y nosotros elegimos español como opcional», dice Vincent, un pibe bien lungo y colorado. Mide 1,90 según él; pero en realidad parece de 2,10. Trato de hacerle un chiste sobre eso, pero se ve que mi español no es bueno.

Entramos a mirar las bandas y como el espectáculo demora, el público empieza a silbar. Nada más argentino para darles la bienvenida a los extranjeros, ¿no? Y bueno, que acepten al país con sus luces y sus sombras. Finalmente salen los músicos a escena. Los que abren son los Aguas Tónicas, una banda un poco aburrida (aunque contra todo panorama, el tema final era muy bueno). Al lado mío, Vincent ya había bostezado un par de veces y dos francesas estaban durmiendo en la butaca. Así que cuando termina Aguas Tónicas, el grupo decide ir directamente al segundo de nuestros tres destinos: el bar Stuttgart. El tour parece una especie de salida entre amigos, porque se hace lo que prefiera la mayoría.

Segunda parada

Mientras caminamos por Pellegrini, Agustina comenta que ésta es la segunda vez que organizan el recorrido: «La primera vez vinieron once personas y ahora son veinticuatro, así que evidentemente la primera experiencia gustó». En Stuttgart tenemos tres mesas reservadas en la parte de arriba. Parece que el dueño escuchó sobre el tour y, como le pareció interesante la idea, él mismo se comunicó con ArTour y ofreció el lugar para el encuentro. Nos acomodamos tranquilos para esperar la comida. Carlo nos cuenta que a veces sale con sus compañeros de trabajo, aunque nunca comió en carritos. «No comí choripán, pero me invitaron a un asado». Carlo se adaptó correctamente a Rosario: toma el fernet con coca y dice que es de Newell’s. Ya me cae bien.

El tema se deriva a la política, y le preguntamos a Vincent su opinión sobre las políticas de inmigración en Europa. Vincent hila un comentario sobre que algunas personas son mas estrechas que otras, pero no dice mucho más. Para ser que estudia Ciencia Política, no le logramos sacar una opinión ni por puta.

fiesta2Traen los fernet en jarritos de mermelada reciclados y la promesa de que en minutos más llega la pizza. Charlamos de cine, costumbres, pronunciación de palabras y la mayor parte de la noche se nos va, tratando de hacer chistes que se entiendan.

Última 

Después del bar empieza la caminata hasta la fiesta Nasty Rock en el Roxbury Bar (no sé para qué se gastan los extranjeros en aprender español). Se suman al grupo otras personas que también se habían anotado, pero que prefirieron ir directamente al boliche.

A la fiesta entramos por lista. Es un pub de tamaño mediano, y la música es tirando a onda rock-pop internacional. Todas las mujeres del lugar parecen modelos. Carlo se hace el distraído, pero se le asoma una sonrisa mientras relojea alrededor. Nos acomodamos como podemos, porque el lugar está lleno de gente. Las francesas no son muy amantes del fernet, así que piden tragos de bebidas blancas con frutas. Acá ya se complica un poco más la charla, así que el grupo opta por bailar, sonreír y asentir con la cabeza, como si de verdad entendiesen algo de lo que se habla. Todo lo típico de un boliche.

La noche avanza y sin que nos demos cuenta, los invitados van desapareciendo de a poco. Para el final, somos apenas diez del grupo. El boliche prende las luces y los patovicas nos invitan amablemente a salir. En la puerta nos saludamos y aparecen las promesas de seguir en contacto. No se sabe si va a pasar o no, pero parece que los modismos cordiales son cosa de todo el mundo. En fin, una experiencia muy interesante con personas muy agradables. Ya estoy esperando la próxima.

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ArTour Rosario