Crónicas | Cirkus Cirkör - Allá por donde la luz solar es privilegio de pocos fragmentos de día, por aquellas tierras donde el mapa se queda sin letra, la comunidad inuit conoce aproximadamente diez formas de plasmar el color blanco en palabras. Así, el idioma va escribiendo, sobre la piel de los que lo caminan, una y mil historias que, cruzando camino, entraman el ida y vuelta de mundos que es el arte.

Allá por donde la luz solar es privilegio de pocos fragmentos de día, por aquellas tierras donde el mapa se queda sin letra, la comunidad inuit conoce aproximadamente diez formas de plasmar el color blanco en palabras. Así, el idioma va escribiendo, sobre la piel de los que lo caminan, una y mil historias que, cruzando camino, entraman el ida y vuelta de mundos que es el arte.

Su sentido hace raíz donde se siente, ahí donde los ojos miran y las emociones crean: Cirkus Cirkör es la fusión de circo y corazón, es una historia de creatividad y experimentos que se inscriben en sus melodías nórdicas y en el movimiento armónico de sus vuelos.
Y si es verdad, como se comenta por los pasillos de las ciencias de la comunicación, que «todo lo real es imaginable», soñemos ahora tejiendo arte y pasión.

Por Lucía Cúneo | Especial para El Corán y el Termotanque

Colores y texturas

circo

Desde la lejana Escandinavia, donde las siete letras de la palabra mangata asoman la nariz al camino de luz que deja la luna en el agua, la compañía Cirkus Cirkör está reescribiendo la práctica ancestral del circo con nuevos vuelos y con las emociones que van recopilando en cada página de sus giras. Con el candor que traen en el pecho desde el otro lado del Ecuador, los colores australes del circo sueco se proyectaron entre nudos y tramas sobre la arquitectura solemne de firuletes y musas del teatro El Círculo de Rosario.

En un momento en que la ciudad me transcurre en cámara lenta mientras voy encontrando rinconcitos de tiempo para mí, le robé unas horas a la lluvia de un largo domingo electoral para llenarme los ojos de circo. La función subió el telón desde el ingreso con una decoración de telas y muñecos, y mientras el público tomaba asiento, en el escenario ya se estaba «tejiendo paz».

Son las 21.30, la luz tenue oscurece los rostros y se encuentran las texturas del circo nórdico con el estilo de principio de novecientos del espacio en una explosión de acrobacia y ternura. Alrededor, una sala de trazo clásico y un crisol de edades preguntándose al compás del aplauso «¿¡cómo hacen!?».

circo 2La historia

En esta etapa del viaje, que la compañía emprendió hace 20 años, seis artistas contaron con su acrobacia encantadora cómo tejemos la cotidianeidad desplazándonos entre los nudos y desenlaces que llevamos por dentro y de los que encontramos cuando caminamos juntos. Desde el rincón más alto de la estructura que sostuvo todos los vuelos, el séptimo artista hiló el tiempo en una melodía suave de cuerdas y voces.

Inmerso en una escenografía de blancos, cada artista desenredó con su disciplina los límites de la gravedad y del cuerpo en un equilibrio inestable que se entrama en el pasar de las experiencias, así como la naturaleza y nosotros en ella. En cada destreza armónica el circo se hace lenguaje de su territorio y esencia de su historia: y así, expectante, el público encontró en este paisaje de emociones que el punto de partida está en el desequilibrio y que vale el esfuerzo moverse de lugar todo el tiempo, porque la verdadera comodidad está en el andar.

Entonces, es en el lenguaje en donde reside la esencia del ser humano, en la acción y sobretodo en el encuentro y así, es geografía, es cultura y es movimiento. Y donde haya cuerpos e ideas que muevan y conmuevan habrá lenguaje y habrá encuentro, y a cada una de estas acciones corresponderá una emoción, un aplauso y, estoy convencida, una reacción.

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Cirkus Cirkör