Poesía | Paraná - Por Natalia Paleari | Ilustraciones: Ulises Baine

El río corre y la ciudad, también. En medio, un montón que amanecen y caminan, o se suben a los autos y viajan, por un rato, se bajan, y vuelven a viajar. Entran a los edificios, salen a las calles, saltan, se sientan, toman café. El río corre, da melodías, colores, texturas, olores, o nada. Depende de la causa, de su invención, del argumento. 


Se levanta, chequea el celular
va al baño
plancha la ropa
y sale a la furia matinal
de trajes y trajeadas.
Enciende su auto
y por Buenos Aires
baja
baja
hasta chocarse con él
pícaro-inocente
que juega a la escondida
pero de a ratos
sólo de a ratos
se deja ver
para que ella cante
¡piedra libre! otra vez.

Dulce medialuna
con tu brillo
encegueces
y luego del primer bocado
todos adictos
y algunos
perdidos en tu traicionero
encanto
hasta el impensado sepelio
tal vez te den.

Por Ulises Baine

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