Poesía | Generación - Por Antonin Katari

Había fuego
una especie de pánico
y cubiertas quemadas
caras tapadas, rostros sin nombre
pañuelos de humo y el mismo humo
con una remera en la boca
protegiéndose de sí
el humo escapando
por calles largas que nunca había visto
seguido por tropillas de caballos urbanos
removiéndose iba yendo el humo
que era como de guerra
y no entendíamos
nosotros mirábamos una pantalla
nosotros
rehenes de nuestra infancia política
escuchábamos comentarios
éramos
actores pasivos éramos
quisiéramos haber sido lo contrario
quisiéramos no haberlo visto
haber estado
escuchado
participado
pero no
nosotros lo mirábamos por pantallas
remeras y pañuelos y caras tapadas
se metían al Congreso
hacían fogatas en las escalinatas
nosotros
los habíamos visto en las pantallas
rostros desfigurados
gritaban
hacían fogatas, los vimos
y rompían las puertas del Congreso
gritaban cosas incomprensibles a la cámara
rostros desfigurados
gritaban
sonidos desconcertantes
jubilados llorando
caballos-policía corriendo de un lado al otro
algunos se metían a los comercios
explotaban las vidrieras
ardían los autos
volaban los pájaros
hasta los chinos lloran, decía el movilero de Telefé
que ni siquiera articulaba frases
no podía
no era capaz de decir frases y dar cuenta
corría
sonaban estallidos y los cronistas televisivos
decían cosas a las apuradas y no eran capaces
y nosotros con la pantalla
y escuchábamos comentarios
y éramos actores pasivos, eso éramos
rehenes de nuestra infancia
de eso que pasaba y era casi todo:
fue el infierno
y la crisis
y el caos de los desquiciados
y la gesta callejera
la invención final del hartazgo
la creación insurgente
y la indolencia de los que dirigen
y la falta de credibilidad
y la corrupción de los que mandan
y la furia de los que sufren
lo posible estallado
figuraciones de lo por venir a cada cuadra
y el terror siempre dando vueltas
la crisis fue un nombre y la impunidad
la continuación del tiempo
momento de invención
escuchábamos
veíamos
de pruebas
de espontaneidad
de dolor conjurado y dolor postrado
de restos que se diluyen
otro diciembre que se va
y ningún mapa sirve
eso lo vimos y vivimos
el país nos tomó
y si pudiéramos tener lugar
nosotros lo vimos por la pantalla
y era fuego
hambre
cubiertas quemadas
edificios tomados
asambleas
las ollas sacaban fuego
y había fuego desparramado
fuego en las escalinatas del Congreso
fuego en las esquinas
en las plazas
fuego en las imágenes
fuego en las manos
en los ojos
y en la calle del centro
nadie
lo mirábamos por la tele
y ni siquiera sabíamos:
se va, se fue, renunció
y vimos un helicóptero remontar vuelo
y para nosotros era
un compañero que se desnutría y faltaba a clase
otro padre que moría de leucemia
con el pecho hundido
y a nosotros nos hacían juntar comida
útiles
ropa
frazadas
estaban tirados en un cuartito
que compartían siete u ocho
donde el padre se moría
nosotros les dejamos las bolsas
arriba de una mesa y nos fuimos
entonces daban calor esas imágenes de la tele
era ese hambre y esa resignación
éramos actores pasivos
y era el llanto del que lloraba
¿dónde quedaban las nuestras
si se rompía la historia
sin lenguaje
la materia sin orientación
y nosotros
adueñados por la memoria
y nada más
que bajo su insano juicio?
¿es esa tan dulce insania?
lo que vino después
y pudimos aprender
o hacer
o mentir
o decir
o vivir
y sobreexistir
como cualquiera
eso que fue también
la niñez en estado crudo.

'Una visión retrospectiva de 2001: a space odyssey', por Héctor Castañeda.

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