Poesía | Estas visitas que nos hacemos - Por Santiago Garat

Recreo

Cuando se juega el Mundial 78 estamos en cuarto grado, justo cuando la piba que se sienta adelante deja de ser la piba que se sienta adelante y pasa a ser un par de ojos profundos y transparentes que derriten al sol.
Cuando el fulbito del recreo deja de ser el fulbito del recreo y pasa a ser el sueño de que esos ojos te vean justo cuando hacés un gol.
Cuando le preguntás a tu vieja porqué tu viejo no aparece y te contesta que desapareció.
Cuando tu abuela llora y se seca las lágrimas a escondidas mientras te dice: «Ya va a volver tu padre, corazón».
Cuando la risa de tu abuelo se apaga para siempre como se apaga la luz de la pieza que te da temor.
Cuando un tipo enchufa la picana mientras enciende el televisor y la radio le grita al mundo que somos derechos y humanos y que no existe el terror.
Cuando el partero se lleva al pibe bien lejos de la panza de su madre y otra madre sale a dar vueltas por una plaza y una abuela empieza a buscar a la nieta que no conoció.
Cuando unos cuerpos vuelan al río como vuela de palo a palo el Pato Fillol.
Cuando un pibe que extraña a su padre sueña que esos ojos profundos de tan transparentes lo vean hacer un gol. Y que, de una puta vez y para siempre, derritan al sol.


Encuentro cercano

Mariana conoció a Guille en un fogón en Capilla del Monte, en el camping que está al pie del cerro Uritorco. Había llegado con unas amigas con la idea de hacer cumbre una noche de luna llena, que según sus cálculos sería la del día siguiente.
El vino y el porro que pasaban de mano en mano, las chispas hipnóticas que se perdían en la oscuridad al ritmo del viento, y la voz endulzada de ese flaco de ojos negros que le hablaba de un país con oportunidades para todos, la sumergieron en un sopor alucinante.
En un llano entre los árboles, a resguardo de miradas ajenas, se amaron en silencio y con pasión. Volvieron al grupo sin omitir palabra, y sin soltarse las manos.
La mañana la despertó con resaca y un puñado de recuerdos, y la premura de sus amigas por ir al encuentro de seres de otro planeta.
Al mes y medio, en la comodidad de su casa de Castelar, Mariana vomitó todas las verdades de su vida. Tenía 19 años y decidió, abrazada al inodoro, que si era varón sería Guillermo. Y si era nena, Luna.
Luna nació en junio del 78, el mismo día que Argentina le metió 6 a Perú. Mariana pujaba entre lágrimas y culpa mientras Luque, tirándose en palomita, empujaba la Tango al arco del autotrol, en la cancha de Central.
Luna, hoy, esta noche de luna llena, cumple 40. Cuando sopla la única vela que decora su torta, desea saber qué carajo paso con su viejo, militante peronista y montonero que fue visto por última vez con vida en un fogón en Capilla del Monte, en el camping que está al pie del cerro Uritorco.



* Recreo fue publicado en El sol era una pelota, editado por La Masa Cooperativa, y Encuentro cercano salió publicado en el periódico El Eslabón el sábado 23 de marzo de 2019.


Cátedra Salomone | Estela de Carlotto, Abuelas de Plaza de Mayo

Imagen de portada: Cátedra Salomone | Estela de Carlotto, Abuelas de Plaza de Mayo


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