Poesía | Suave est - Por Roberto García

Este poema sucede
en un mar ya surcado
por sabidas bitácoras ilusorias,
en la persecución imaginante
de un deseo, cuyo mapa muestra las
cicatrices que dejaron los múltiples dobleces.
las marcas laberínticas de grafismos negros,
las manchas tornasoladas del alcohol que
hubieron de borrar la rutas provisionales al caer
destiladas
de los románticos rizos de unas barbas ciclópeas.
Traduzco, entonces, con mi pobre literatura,
según me dijera, una vez, como un insulto,
un poeta en carne viva.
Traduzco
sin inventar un adjetivo,
sin aventurar la cesura de una coma:

Suave, mare magno turbantibus aequora vuentis

Suave es, cuando en el magno mar conturban
los vientos el oleaje, contemplar desde la orilla
firme
la inmensa fatiga de otro; no porque exista
la felicidad de un goce en que alguien se atormente
sino que es suave
saberse uno mismo libre de penurias.

Así habló, ahora lo comprendo, Ulises
sujetado al palo mayor de su navío,
atravesados los oídos por los conjuros
de las sirenas, esas musas dementes
dominadas por los demonios de la dispersión
de la forma,
trabado en la tortura decisiva
de la inscripción persecutoria de un stilus por venir,
cuando supo que arrojarse en la aguas turbadas por
los vientos del poema, aún inconsistente
en los fragmentos inconscientes de sí
(ah, terror de las burbujas inconexas),
es, ciertamente, abjurar de la Ítaca de lo Real.
Solo algunos podrán nadar donde
otros se ahogan después de soltar el lazo.

Así habló Ulises, soñándose
desde la costa, distinguiéndose
libre de la fatiga del oleaje,
desatándose
para siempre
del llamado voluptuoso.

 

Autor: Bernard Buffet