Ancho de bastos - Por Patricia González López | Ilustración: Estre Mergá

No existe aún
quien no me haya extrañado
al ocupar a otra por primera vez,
no existe quien haya recuperado
su sexualidad entera después de mí,
soy el fin de todas las cosas.

[Poema publicado en Otro caso de inseguridad. Santos Locos, 2018]


La sucesión de puntos de tu cuerpo en línea
las palabras que hay detrás de los puntos suspensivos
romperte los besos
subrayarte las pecas
corregirte las manos
escribirte los brazos
levantarte la mirada con mi desnudez de niña
madurarte la risa que me generó la pregunta
conocerte el ombligo
seguirlo imaginando
hasta encuadernarnos la piel.

Hoy me siento un cuchillo
Melancólica
y sin mayores escapes para la euforia
despedazo la entrega
mi mirada filosa hiere la carne
no la mira
las manos deshabitan la caricia
se mecen sobre mi misma
ese filo encandila el placer del otro
me escurro hasta el final del bocado
revoltijos de mí atragantan al comensal
encandilado, cortado queda
el que se lleva el cuchillo a la boca.

Ya no soporto existir sin besarte.

Si vestidos ya no nos reímos, desnudarnos no tiene gracia.

[Poemas publicados en Maldad, cantidad necesaria. Milena Caserola, 2013]


Ilustración: Estre Mergá

Naranja para jugo

Tenía sed y ganas de algo dulce
te creí una naranja / te tomé con toda la boca.
No hay más jugo
quizás
la acidez entre vos y yo
también sea parte de la justicia.

Esto es tan simple como que me había gustado
ese abrazo que despertó a los vecinos
un beso de internación
té que se tomaron las hornallas
mientras nos evaporamos
nosotros:
fórmula que quema las sábanas
el silencio: la metáfora del indeciso.

Si pudieras comerte tus cáscaras
chico de ombligo en el fondo bueno
tenías que ver lo tierno que te veías
exhibido en el cajón
antes de comprarte.

Pero claro
¿cuántos días tarda la fruta
en dejar de ser fresca?

Tengo tres vicios nuevos
una serie
sonreír
y vos:
pero no te pedí tu libertad.

Esto era algo más animal
sed, algo dulce, comerte y dejarme comer.

Mirá la gripe que tengo
por decir che, en vez de mi amor
por decir gracias
en vez de lindo,
¡lo bien que me hizo tu vitamina c!
¿pero cuántas frutas a la vez puedo comer con sólo una boca?
Y vos, ¿cuántas criaturas podés alimentar con sólo un ombligo?

Y si me doy cuenta
cuando estás terminado
y yo satisfecha
¿por qué te encascarás?,
¡si ya te chupé todos los gajos!

Esto es tan simple como que me había gustado
tranquilo, tu función está cumplida.
Yo, toda un crimen
aprendí
a matar despacio
quedarme con hambre, si es necesario
y no entregar
el vaso del cepillo de dientes
antes de tiempo.

Ancho de bastos

Cantidad de hombres
dispuestos a sacarse los borcegos
en el living de mi casa
y yo con vos, boca
que mi cuerpo no alcanza para besar
y yo con vos, lengua
que no promete espolvorea;
¡con lo que cuesta
encontrar
alguien con rica saliva!
sabor perfecto,
¡te asustás!
Por favor
decime que te llueva que me embarre
limpiame con la servilleta tirada en el piso,
haceme acordar en la almohada que volviste;
tocame ancho de bastos,
que barajo y nunca truco.
Pero vos todo el mazo,
tan maestro ciruela el muy pendejo.
Tantas caricias ladrando en mi cucha
y vos tan perro que no muerde.
Cantidad de hombres con certidumbre
y yo elegir la pregunta.
Creo que me gusta no entender quién sos,
en el resto soy experta.

Sobre si me sigo bardeando por preferir a quien
le importo un rabanito

Te besé porque dijiste que entendías a los chorros,
pero después fui en camisa de fuerza.
Fui como un mozo tomando café detrás de la barra
(Queda mal comer).
Cansa no poder acabar el menú permitido
salteo el sabor a desprecio en lengua.
Pero te seguí besando por lo ortiva
o quizás me quise quinceañera contra la pared
tu objeto consciente demasiado disponible
enceguecida
sonriendo a las torpezas
lo poco que te disculpaste cuando eras un boludo.
Mi erotismo es tus llamadas de borracho;
un disfraz para vos que te causa gracia;
no hay un lazo que podamos romper jugando a ser otros.
Soy tu nariz en el hueco de mi nuca
dormir hasta la tarde inventando brazos.
Sé que mi casa es más cerca después de beber
de paso mis sí,
claro que sí para vos en las condiciones que quieras.
Tus permisos concedidos
tu destrato,
tu horror:
mis aplausos
y mi apuesta al ausente.
Soy exitosa por amar tu panza,
soy popular por contar mi ridículo,
soy vos pidiéndome que te odie,
el resto no existe,
pero yo tampoco.
Quizás si doy vuelta el colchón…

Estás confundido con esto de rechazarme
soy ideal para vos
parezco perfecta
no rompo las bolas.
Me río y no por ser triste
trabajo
y soy infiel
pero puedo incluso esperar
a cansarme de que no me quieras
para saber que hay vida.
Te dejaría
que tengas romances afuera
lo que necesites
y mi devoción intacta.
Siendo de la lista,
la que rompe tu cama y la duerme
siempre sin exclusividad.
Puedo mantenerte, soy profesional
que vos planches guardapolvos
de hijos con tu cara
y la maldad de los dos.
Yo puedo llegar y verlos comer
el plato que nunca me preparaste,
cocinero mezquino.
Hasta hoy
nunca tuve que aclarar
que estoy enamorada
o algo así
como que me exploten las tetas al verte
sonreír durante meses
por regalar besos a la pared
desprenderle algo de polvo.
El bálsamo de mango no me cuida el brillo
ni hablar de tu piel
el jabón de manzanilla
no mejora el olor de mi espíritu.
Lo decidí
la onda es olvidar con dignidad
antes de perder la hermosura
la mirada con manchitas.
No te muerdo más
no te pido más
que me abandones de vez en cuando.

Habías venido para hacerme un arroz con leche
pero no nos queríamos casar.
Tuvimos miedo al desgaste
y convertimos el respeto
en frecuencias mensuales de amor
absolutas memorables sin promesas
necesarias
para evitar
que se pudran mis vasos en la cocina
me secuestre el polvo
o se me vaya el color.
Mi boca sigue invicta
hasta ahora no encontré
un segundo beso que también me inspire
a estar viva
o depilarme.

[Poemas publicados en Doliente. Cospel Ediciones, 2016]